Pariendo en Buenos Aires

Publicado el 14 noviembre, 2009 por Julio César Ruiz

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Buenos Aires, Argentina. Nota completa: 

internada

Esta disposición de Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires, Argentina es uno más de los desaciertos que tuvo en cuanto a los derechos de los niños durante su administración. La misiva que ya comenzó a funcionar impide que los “menores” abandonen el centro de salud donde nacieron, sin antes tener sus papeles, para impedir, según se señala el tráfico de bebés.

Realmente una propuesta rara, torpe, disparatada e inconstitucional, veamos:

  1. ¿Ustedes se imaginan una enfermera o un camillero, cerrándole el paso con los brazos y piernas abiertos en cruz, o el director del hospital bamboleándose de pared a pared por un pasillo impidiendo la salida de una mujer en silla de rueda que desea en orden a su alta médica irse a su casa con su bebé?
  2. El Alta Médica, tal cual se expresa debe darla un facultativo en orden al estado de salud actual del paciente y no condicionado a un trámite administrativo, sino no es Alta Médica y por lo tanto, automáticamente queda comprometido con los resultados el médico que lo impide.
  3. Legisladores de la Provincia de Buenos Aires: Cuando una persona no inscribe a un hijo en el Registro Civil no comete un delito, menos aún porque la ley le otorga términos para dicha obligación y hasta multas si no las respeta.
  4.  Si la definición de secuestro es: “Privar a un individuo de su libertad de manera ilegal para exigir algo a cambio de su liberación…”, el médico o el personal del hospital que impidieran el retiro de la madre y el niño estaría cometiendo el delito de privación ilegítima de la libertar.
  5. ¿Si los progenitores son dos (la pareja) quedan los dos retenidos con el bebé  o tan sólo la madre?
  6. No se entiende tan tremenda contradicción ya que este engendro inconstitucional estaría generando a la persona que lo llegare a ejecutar se coloque dentro de uno de los elementos (la privación ilegitima de la libertad) del delito de trata de persona, que decían querían evitar.
  7. El hecho de la inscripción obligada, bajo amenaza que no puede retirarse ni la madre ni el bebé del nosocomio no impide la trata de bebés ya que los progenitores pueden realizar y luego entregar a otra persona a ese bebé que lo saca del país a través de las fronteras abiertas y sin control ni radares que existen y bien aceitadas o inscribirlo en otra provincia o país con otro nombre y alegando distintas circunstancias por los adquirentes.
  8. Dada tamaña estupidez de la norma que tratamos, queda claro que es puro gatopardísmo (cambiar para que nada cambie) ya que las mafias dedicadas a la trata de bebés están integradas por delincuentes comunes con funcionarios públicos, hecho grave que está haciendo desaparecer el instituto jurídico de la adopción reemplazado por la apropiación de los hijos de mujeres pobres.
  9. El tráfico y la trata de recién nacidos es un delito y como tal se persigue con el Código Penal, no haciendo este tipo de normas civiles sin ningún tipo de sentido de realidad y de profunda raigambre inconstitucional.

echague

Juan Pablo Álvarez Echagüe, subsecretario de Gabinete bonaerense de Daniel Scioli, explicó que “el objetivo de esta medida es regularizar la situación de quienes nunca fueron registrados y de chicos que no tienen DNI. Se busca así impedir que se cometan robos de niños indocumentados y adopciones irregulares”.

Siguen sin solución de continuidad haciendo proyectos y leyes para “evitar el robo de bebés” cuando desde 1921 (fecha de creación del Código Penal Argentino) sustraer o apropiarse de algo ajeno, incluso una persona, acá y en la China es delito y de ninguna manera corresponde a leyes civiles.

Esta ley de Scioli responde al encubrimiento de una desgracia humana donde están involucrados funcionarios y la propia Iglesia Católica. No quieren terminar con la compra venta de recién nacidos. No quieren operar y sacar el tumor aferrado al hueso.

Continúan poniéndole trapitos fríos, cataplasmas y aspirinas a un cadáver que ya despide en las narices de todos, un olor insoportable.

Escribió Julio César Ruiz