El Hombre de la Alcantarilla
Los adquirentes o personas que trafiquen bebés, serán señalados públicamente de esta manera que lo hacemos en esta Editorial y en cada oportunidad que el Pueblo de Añatuya, Santiago del Estero, República Argentina los identifique
UNA ALCANTARILLA CONVERTIDA EN EL HOGAR DE UN HOMBRE

Como techo… el asfalto y el calor de la ruta 92 que le pasa por encima
Decidió ir a vivir en este lugar, a 50 m de un brazo del río Dulce, porque trabajaba guiando a pescadores. Hoy, casi nadie acude al lugar. Ruega que “alguien haga algo”. La alcantarilla es su único hogar.
El camión con acoplado cargado con piedras extraídas desde una cantera cercana pasa por sobre nuestras cabezas y estremece el lugar. José, sin inmutarse, apenas se sonríe de nuestro visible temor y sigue contando su triste historia de vida, la misma que lo obligó a vivir en esta alcantarilla desde hace 8 años.
Pero, antes de llegar en 1997 junto a su ex mujer a esta alcantarilla, ubicada en la ruta 92, que une Los Telares con la ruta 34, José López vivió una penosa historia de vida, quizá, mucho más dolorosa que la que hoy le toca experimentar.
“Yo soy de Bordo Pampa, departamento Salavina. Ahí me junté con mi ex mujer y vivíamos en una casita que teníamos. En ese lugar me ganaba el día haciendo changuitas o lo que podía”, comentó a EL LIBERAL José.
En esta localidad del departamento Salavina, y aunque no podía satisfacer la mayoría de sus necesidades básicas, José vivió con su ex mujer muchos años de felicidad. Allí, la pareja tuvo una nena, “la más linda del mundo”, afirma el hombre mientras algún recuerdo le humedece la mejilla.
Pero, la felicidad no duró mucho más. “En 1999, mi mujer se enfermó muy gravemente y la llevé al hospital de Añatuya. Como estaba muy mal, me dijeron que la tenía que llevar de urgencia a la ciudad de Santiago. El problema era que no teníamos con quién dejar a mi hijita, pero una de las enfermeras nos había dicho que la dejemos con ellos hasta que nosotros regresáramos de Santiago, y así hicimos”.
“Mi mujer estuvo internada en el hospital Regional como dos meses y luego volvimos a Añatuya. Cuando fuimos al hospital de Añatuya, nos dijeron que la bebé no estaba más, que una jueza de la ciudad había ordenado retirarla y que la criatura no se podía devolver más”, recordó.
Esperó unos minutos, miró pasar otro camión por el “techo” de su casa, y prosiguió su crudo relato: “Nos dijeron que no nos podían devolver a la criatura, y nunca más volvimos a saber de ella. Me cansé de recorrer las comisarías y de hablar a mucha gente, pero nunca nadie nos dio bolilla. Es más, nos decían que mentíamos, que no podía ser verdad y cosas así”.
Según confesó José, luego de esta aterradora experiencia decidió, junto a su ex mujer, ir a vivir en la alcantarilla. “Vivimos con mi señora durante varios años aquí, pero, como ella siempre me culpaba de que yo no hice nada para rescatar a mi hijita, nos peleábamos constantemente”, explicó.
“Con unas chapitas que me dieron un día le hice un ranchito a mi ex mujer ahí (a unos 200 metros de la alcantarilla) donde ella vive ahora con sus otros hijos”, indicó.
Agregó: “Ahora yo vivo aquí con una hijastra que tiene 15 años. Ella vino para aquí porque la madre la corrió de la casa, así que ahora tenemos que buscar de qué vivir los dos”.
Un hombre y una niña viven desde hace 8 años en una alcantarilla

Historia Afirma que “perdió” en extrañas circunstancias a su hija de 4 meses de vida en un hospital del interior provincial”. Luego de esta dolorosa experiencia, se fue a vivir en la alcantarilla
“Lo único que me molesta bastante son las ratas”

Abatido. José confesó que ya no tiene fuerzas para seguir viviendo en las condiciones actuales. Afirmó que está enfermo y que no puede trabajar.
NOTA DE LA FUNDACIÓN ADOPTAR
José debía acompañar a su esposa, hacia un Hospital de la Capital de Santiago del Estero, como consecuencia de la gravedad de su estado de salud luego del parto.
Su problema, es que él, era el único que podía acompañarla.
En medio de la urgencia, como explica, una enfermera del Hospital de Añatuya, le recomienda que deje la bebé en manos del personal auxiliar del nosocomio, esto es, las monjas, que “asisten” a las parturientas internadas.
José así lo hizo. A pesar de su pobreza, siempre fue tierno, amoroso, le encantan los niños.
La incertidumbre que sobrevenía con la enfermedad de su esposa, le instó a sacarse una fotografía con la pequeña, para tener al menos en papel la compañía de su primera bebé, como también la monja caritativa que iba a protegerla.
Esa bebé a pesar de las promesas de la monja en cuidarla, nunca más apareció. Nunca quisieron darle información de ninguna especie. Lo trataron de loco, de mentiroso, de que fantaseaba que había tenido una hija.
Estaba todo preparado, su esposa jamás fue registrada como parturienta al momento del ingreso al Hospital de Añatuya.
Este es el documento fotográfico que cuenta como nadie, del cómo trafican bebés… La Banda Eclesiástica

Arriba:José con su bebé en brazos. Abajo:El mismo día...la enfermera de la recomendación junto a la monja María Isabel que le había prometido cuidarla
Cuando ingresaron nuestras denuncias penales, denunciando el hecho, inesperadamente la monja fue enviada a España, al convento principal, el de las Hermanas Vicentinas…nunca más regresó…nos dijeron que murió de cancer
Escribió Julio César Ruiz











