Comprando Hijos

Publicado el 13 diciembre, 2010 por Julio César Ruiz

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12.12.2010 – Añatuya, sudeste de Santiago del Estero, Argentina

La zona de Añatuya, recordemos, es la segunda de las tres fábricas de bebés que existen en Argentina.

En busca de un delincuente, que presuntamente estaría involucrado en el asalto al Banco la Nación, Sucursal Añatuya, se intervino varias llamadas telefónicas.

Grande fue la sorpresa, cuando se descubrió, en una de ellas, que este malviviente, también, se dedicada a la venta de bebés.

Este diálogo que transcribimos se realizó entre una mujer de Buenos Aires (Porteña) y un santiagueño (Traficante).

Luego de leer este diálogo, cabría pensar en el dolor de aquel niño, que cuando grande, se entere que “su mamá”, lo compró por 50 ó 60.000 pesos, para ejercer el rol de hijo, por que no se pudo bancar ni la angustia de la espera, ni su esterilidad,optó por delinquir, tipificación penal llamada trata de personas.

Traficante: “Señora, un bebé puede costar entre 50 y 60 mil pesos”. “Yo conozco este negocio; hay gente que ha hecho fortunas. Hay algunos que los han hecho bien y otra gente que lo ha hecho mal”.

Porteña: Hola. De Villa Constitución le hablo, soy XXX… ¿se acuerda de mí?

Traficante: si, sí, sí.

Luego de las presentaciones y los saludos, ambos van al fin de la comunicación.

Porteña: Tengo un matrimonio, un matrimonio de unos chicos amigos, que están buscando un bebé para adoptar, ¿puede haber algo por allá?

Traficante: Si, se puede.

Porteña: ¿Si?

Traficante: Pero cuesta mucho, cuesta mucho porque hay que moverse muy mucho. Pero, sí hay, si hay.

Porteña: Si nosotros tenemos que ir para allá, viajamos, no hay ningún problema. Lo más sencillo posible, lo menos complicado posible, ¿me entiende? O sea, conseguir la mamá, la chica embarazada o el chico, si ya está nacido, lo que sea. Y se trata de persona a persona.

Traficante: Exactamente.

Durante la conversación, el Traficante, hace todo por hacerla comprender que no fuera nombrado en ninguna circunstancia, menos si fueran descubiertos, una vez que el bebé en manos del matrimonio porteño.

Porteña: “Quédese tranquilo, que aparte usted lo trata directamente conmigo, en ese caso, quédese tranquilo”, afirma la interlocutora del contacto local, quien también pretende que la pareja arrebatadora del recién nacido “no tenga ninguna clase de problema”…y continúa

Porteña: Yo sé que todo esto tiene su precio.

Traficante: Qué se animan a dar por un chiquito, que vengan y se lo lleven sin ningún problema.

Porteña: Yo tengo que hablar con los chicos.

Traficante: Usted hable con esos chicos y entonces yo les organizo.

Sin embargo, durante la charla comenzaron a barajar cifras por la entrega de un bebé.

Porteña: Es triste decirlo, porque parece que se está hablando de un negocio, pero lamentablemente esto es así, ellos necesitan de eso.

Traficante: Yo conozco este negocio; hay gente que ha hecho fortunas. Hay algunos que los han hecho bien y otra gente que lo ha hecho mal.

Porteña: Y ¿cuánto calcula que puede llegar a salir? Dígamelo así de frente, no de vueltas, ¿cuánto cree que puede llegar a pedir?

Traficante: Aquí una cosa así, más o menos le puede costar entre 50 y 60 mil pesos, le canto la justa.

La conversación finaliza con la promesa de que el contacto local se comunicaría una vez que tuviera en vista una embarazada o un recién nacido para ser entregado, bajo las condiciones convenidas.

Escribió Julio César Ruiz

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