IX Carta a la Presidenta por Ana Maria Dubaniewicz

Publicado el 26 marzo, 2011 por Julio César Ruiz

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IX Carta a Presidencia de la Nación Argentina por menores asistenciales presos

 

Lic. Ana Maria Dubaniewicz

Marzo de 2011

Estimada Señora Presidenta de la Nación Argentina,

Cristina Fernández de Kirchner

P R E S E N T E

De mi consideración:

Como expresara en mis ocho cartas anteriores, persiste y se incrementa el enriquecimiento y vanagloria impune de quienes quiebran las espaldas de los 39.000 bebés, niños y adolescentes pobres y solos. De quienes los mantienen carentes de libertad, de amor, de familia y de derechos sin causas penales desde la época virreinal hasta la actualidad.

Persiste el cautiverio, el secuestro social infantil y juvenil, la discriminación, victimización y abandono secundarios, y en suma la “tumberización” dictaminada por los sistemas estatales y privados sostenidos por el erario público que de Usted depende.

Finalizando su gestión, le hago notar que aún no hemos tenido avances positivos no burocráticos respecto de esta situación desde mi I Nota a Presidencia de la Nación en el año 2006.

Así como tal vez Usted se fastidie por esta insistencia, lamento hablarle también del fastidio de todos aquellos que ocupamos el lugar de la conciencia de quienes olvidan que un niño sin libertad, sin familia, un niño sin hogar, un niño sin amor, es un niño que sufre, será un adolescente conflictuado y probablemente un adulto conflictivo seguramente institucionalizado.

Ya ni siquiera los funcionarios y políticos se esfuerzan por enfatizar promesas huecas de prevención y atención tempranas del abandono de los bebés y niños no deseados. Profieren amenazas subliminales culpabilizando tempranamente de lo que denominan INSEGURIDAD, a los chicos que con su accionar desamparan.

A modo de recordatorio y reflexión, y para que una decisión política los ubique dentro del sistema de equidad y justicia social que propugna, le transcribo la Receta Magistral para Elaborar un Delincuente que se halla incluida en mi último libro “La internación de menores como privación de libertad – Circuito asistencial y penal”, 2006.

Receta magistral para elaborar un delincuente

37 ingredientes… a fin de facilitar el camino de los bebés, niños, adolescentes, jóvenes y adultos hacia la delincuencia, la enfermedad, la locura y la muerte real o social.

1) Si la futura mamá es pobre y está sola, no la ampare, no la cobije ni atienda o escuche.

2) Si le pide ayuda, trabajo, un lugar para vivir, obra social o un espacio de protección, envíela a los hospitales o de vuelta a su casa de donde la echaron, abusaron o la rechazan.

3) Si recurre al hospital, Usted como médico, enfermera o director, hágala regresar a las 3,00 de la mañana para darle el numerito a las 7,00 y recíbala al mediodía lo más apurado y distraído que pueda. Ni le pregunte si tiene dinero para desayunar o almorzar. Mucho menos si el estado de embarazo le produce languidez.

4) Si necesita vitaminas, sugiérale el lugar más barato o que vendan genéricos aunque no sean iguales las proporciones, total es pobre y “siempre algo es mejor que nada”. Si tiene otros pequeñitos que la esperan solitos en la casa por la demora en el hospital, tranquilícela con un “mamita, enseguida te vas”.

5) No realice seguimiento de la futura mamá. Total, el día del parto a algún lugar va a ir a parar o morirá de desatención.

6) Si la reciente mamá va a su Juzgado, haga que la atienda un secretario o un administrativo. Ellas no diferencian cuál es el Juez. Por las dudas téngala esperando para que busque otros a quien recurrir.

7) Si la mamá no tiene cómo cuidar al bebé y a sus hermanitos, llame a Minoridad. Tal vez pueda derivar al bebé al hospital Sbarra para que adquiera infecciones intrahospitalarias y riesgo de muerte, y a sus hermanitos a otros institutos públicos o privados, por las módicas sumas de entre $ 1.500,00 y $ 6.000,00 cada uno multiplicadas por los meses y los años que durará su cautiverio. Su Señoría, no se le ocurra darle dinero a las mamás, tíos o abuelos, no vaya a ser que se lo “chupen o tiren encima”. Tampoco les dé la posibilidad de una obra social o de una chequera por alimentos, chapas o ladrillos para una habitación para los chicos. Ni hablar de trabajo o de cubrir el 4% de discapacitados en las empresas públicas y privadas o del 20% en Minoridad. Si son discapacitados severos y postrados, consérvelos toda su vida por más de $ 7.000,00 mensuales. Tal vez a algún Juez, Asesor o funcionario le convenga crear alguna institución para drogadictos, discapacitados, asistenciales, comedores comunitarios u otras opciones que impliquen largas internaciones y extensos contratos.

8) Señores Jueces, Asesores de Menores y funcionarios de Minoridad, traten de no ir a visitar a sus dependientes y de que pasen los años para que los bebés se vuelvan niños y luego adolescentes. Muchas personas en el Estado y las Organizaciones No Gubernamentales habrán vivido gracias a su discriminación y segregación social, a su privación de libertad infantil y adolescente y a que sólo se avisó a los parientes una vez al año para que los visiten bajo amenaza de quitarles la patria potestad. No efectúe contralor para verificar si las ONG les dan bien de comer, los llevan a los médicos, al psicólogo, si visten bien y si activan las causas para que los chicos vivan en familia.

9) De ser posible hágalos estudiar en las escuelas “500”. De no haberse discapacitado de pequeños, tal vez no desarrollen lo que les queda de inteligencia. Luego recuerde darles los certificados donde figura el lugar en que cursaron la escolaridad, para de esta manera prevenir a los futuros empleadores acerca de su escasa preparación. Podrán obtener empleos sin categoría y competencia por el resto de sus vidas.

10) Si algún familiar los quiere rescatar, desanímelo. Si rondan posibles padres adoptivos, cánselos, ajuste los alambres de púas de los campos de concentración de infancias, trabe las puertas de rejas, haga hermético el sistema para que no lo penetren. No vaya a ser que se quede sin chiquitos, y con los años tenga que cerrar los institutos por falta de menores para disponer de su vida y de su muerte.

11) Si algún niño se fuga en la pubertad en busca de respuestas y de libertad, búsquelo con la policía y enciérrelo en Comisarías, de ser posible solitario en un “buzón” para que no lo usen de “gato” para limpiar o recibir la descarga sexual de los otros menores presos. Cuanto más solo esté, más pueden los chicos y los funcionarios hostigarlo o abusar de él. Luego derívelo a institutos de semi-libertad. Si vuelve a fugarse, envíelo a institutos cerrados de máxima seguridad “en previsión de fugas” aunque no tenga Causa penal.

12) Si dentro del penal se resiste, haga que lo coloquen solo en celda y que le eleven Informes periódicos. Podrían tenerlo de 2 a 3 meses privado de libertad dentro de la privación de libertad de Registro y Admisión Penal, del Almafuerte, del Alfaro o del Dique. Si solicita “Comparendo” para denunciar malos tratos, no se lo otorgue. No vaya a ser que se desenmascare el circuito penal en todo su esplendor y un alto porcentaje de empleados termine privado de libertad con Causas penales.

13) Auménteles el “plus mensual por peligrosidad” a los empleados que trabajan con menores presos, a fin de que éstos puedan agravar las condiciones de detención dentro de los ámbitos que ocupan para tornarlos más furiosos y crueles con los ciudadanos.

14) Para lograr esto, des regionalícelos y no ayude a sus familiares con viáticos para que no los puedan ver ni activar sus Causas. De paso no se darán cuenta si están lesionados por los golpes de las Comisarías o de quienes los cuidan en los institutos.

15) No les pague Peculio ni ningún otro Plan cuyo dinero pueda ayudar a sus familiares. Así cuando egresa y ve que en su casa todo sigue igualmente pobre o miserable, retoma su profesión de ladrón. Es posible que durante su tránsito por comisarías y penales haya aprendido a usar un arma, dónde conseguirlas y cómo asustar más a hombres y mujeres para que entreguen su dinero o su cuerpo. Tal vez si no se drogaba o consumía alcohol, ahora sepa cómo hacerlo.

16) Mantenga los sanitarios de Comisarías, Registro y penales sin ningún tipo de intimidad, así como efectúe la requisa con desnudez colocándose a la espalda de los chicos para generarles temor al golpe o al abuso a los que están acostumbrados.

17) Fomente la movilidad del personal de instituto a instituto y las carpetas médicas para que tengan confianza y estabilidad en la institución. Que pierdan temor a maltratar porque los reciclarán en economatos, lavanderías y cocinas. Es posible que en algún momento vuelvan a cuidar a los mismos menores que apalearon, desde un puesto directivo.

18) Intente espaciar los traslados entre Comisarías, asistenciales y penales, a fin de que pasando algunos meses en cada establecimiento, pierdan la regularidad escolar de al menos 3 años, luego de lo cual los avergonzará retomarla por la burla de sus pares. Si son analfabetos se los podrá controlar, denigrar, enfermar e influenciar mejor.

19) Traslade a los pibes de noche y bájelos del móvil policial de los pelos o éntrelos a la sala de requisa pateándole los talones. Ofrézcales fugarse y luego échele encima la denuncia policial o a los Tribunales para que los capturen, reciba una nueva Causa y más encierro. Cámbielos permanentemente de lugar, de personal y de residencia.

20) Mantenga a sus internos en total inactividad física e intelectual. Es el momento ideal para que acunen pensamientos negativos, bloqueos emocionales, se infrinjan malos tratos a sí mismos y a sus pares y desaten motines muchas veces a instancias de los mismos empleados por cuestiones políticas. Se los podrá reprimir, sojuzgar y humillar. También permita a sus cuidadores descargar tensiones familiares y posibilitar la elaboración de Informes negativos con suspensión de Comparendos para mantenerlos dentro de sus celdas sin que molesten.

21) Si no logra que el menor responda con violencia, insulte a la madre, insinúe que se “pasará” a la mujer o a la novia, que son prostitutas, que no sabe pelear, que es “mariquita”, que no se merece estar fuera de la cárcel y todo lo que se le ocurra para azuzarlo. Golpéelo, amenácelo, escúpalo, “amarróquelo” sujeto al dintel de los baños y péguele en las costillas que no se marca. Sumérjale la cabeza en agua, písesela, péguele con la culata del revólver, trasládelo de un lugar a otro sin darle de comer más que un sándwich en todo el día. Hágale tragar sus gargajos, junte a todos los integrantes de la guardia y patéenlo. Debe amenazar a los integrantes del Equipo Técnico y al chico para que no denuncien en el Juzgado.

22) En ningún momento le demuestre humanidad y afecto.

23) Córtele la calefacción en invierno y la ventilación en verano. Sáquele las frazadas, la luz eléctrica y del sol.

24) Construya más penales sin ventanas, luminosidad, ventilación, calefacción y espacio verde. Agóbielos. Sofóquelos. Haga sus negociados.

25) Privatice la alimentación y no les proporcione leche. Sólo guisados baratos sin vitaminas.

26) Con deficiente alimentación, ejercicio, escolaridad, recreación, elementos de cama e higiene y el suficiente sojuzgamiento, los mantendrá discapacitados, debiluchos y “haciendo conducta”; lo suficientemente quebrados como para convertirlos en sus soplones.

27) Dele unos cuantos días. Al momento que posea elementos personales como revistas, dibujos, fotos o poesías, haga una requisa y rómpale sus objetos más preciados.

28) Despiértelos de madrugada. Sáquelos desnudos al frío.

29) Ni se le ocurra estimular la escolaridad o algún taller que le permita expresar sus sentimientos positivos o conectarse de manera digna con el afuera. Tampoco deportes que lo hagan sentir con libertad de movimiento o placer interior.

30) Mantenga a los menores presos en la escolaridad centralizada para que mientras estén cuidados por guardias, éstos puedan interferir en las situaciones de aprendizaje con los docentes.

31) También que concurran a Enfermería Centralizada a fin de que “todo quede en casa”, en especial si algunos de quienes los atienden están denunciados como maltratadores.

32) No los cultive sobre educación sexual ni procreación responsable. Tampoco les entregue métodos profilácticos. No sólo harán más hijos para cubrir sus lugares cuando queden vacantes, ya que enfermos no le sirven a nadie. Hallamos otra forma junto a los delincuentes, drogadictos y alcohólicos de eliminarlos al egreso del Sistema, dentro de los paredones de los loqueros, de los hospitales o de los cementerios.

33) Cuando los hijitos de los menores presos caigan desvinculados en el Sbarra u otros asistenciales, déjelos adentro. No les permita ir con familiares y menos que posibles padres adoptivos se enteren que hay padres presos en menores que pasarán a mayores, y madres solas, pobres y en desventaja. No vaya a ser que se corte el circuito asistencial y penal.

34) Tampoco autorice a los Voluntarios a permanecer mucho tiempo con los pequeños para evitar el apego. En cuanto éste se perciba, sepárenlos. No importa que los bebés se depriman o que se los arriesgue a morir por supresión o carencia de cuidados maternales. Tampoco que algunas familias se pierdan de mecer a los anhelados hijos.

35) Considere a los pibes privados de libertad con o sin Causa penal, como los “muertos-vivos” del Estado por los cuales nada vale la pena hacer.

36) Forme Equipos de Trabajo para que estudien el funcionamiento de los Sistemas de Menores y Judicial y eleven Conclusiones y Recomendaciones de urgencia. Cuatro años después revea si valió de algo arriesgar la probidad de los integrantes, someterlos a penosas visitas, a vivir el frío, la desolación e impotencia de los pibes presos con o sin causa penal, la de los asistentes de minoridad o de algunos funcionarios dedicados y rectos o la soledad de los bebecitos apiñados para darse calor entre sí. De esta manera logra que nada cambie y que quienes albergan ideales de mejorar o transformar los Sistemas bajen sus brazos. También que una vez más los chicos se convenzan de que las visitas del “afuera” no sirven para nada.

37) Incapacite lo suficiente a quienes cubrieron la estructura de vacantes del Sistema de Menores a instancias de los Sistemas Judicial, de Salud, Educación, Vivienda, Hacienda, Trabajo y Seguridad, a fin de que, ya de adultos, no encuentren los medios personales y materiales para reclamar al Estado por su pasada privación de libertad infantil y juvenil dentro del circuito asistencial. De lograrlo los ex-menores, no se podría mantener en el tiempo la impunidad que otorga el administrar estos Campos de Concentración de infancias, estos Sistemas de secuestro, cautiverio y de privación, y el lucrar con las desgracias de los pibes y de sus familias pobres o desamparadas.

Le pido Señora Presidenta de la Nación, como cabal representante de los chicos “tumberos” pasados y presentes, que, dada la finitud de cada misión Presidencial “sin pena ni gloria” respecto de la infancia en cautiverio, se expida dignamente como es su estilo sobre:

1) Reconocer públicamente el Error Histórico del Estado por haber asumido una patria potestad de facto y sustracción de identidad social sobre los niños pobres en desamparo, destinándolos al destierro institucional sin causa penal.

2) Se estimule al Congreso Nacional la redacción de un Proyecto sobre Imprescriptibilidad de los delitos sobre los menores, discapacitados y ancianos.

3) Se decrete de urgencia como Delito de Lesa Humanidad a la privación de libertad, de amor, de derechos y de familia en los bebés y niños de 0 a 18 años encerrados sin causa penal.

4) Se expida al Congreso Nacional, un proyecto de Ley de Maltrato Institucional agravado por el vínculo proteccional estatal.

Como ex – detenida – desaparecida del sistema social y familiar dentro de los muros de los campos de concentración infantiles en Argentina, mi país, y en mi actual calidad de escritora, investigadora, Licenciada en Psicología y a punto de aprobar una Tesis Doctoral sobre el tema, clamo por su atención.

No puede Usted y los representantes del Estado que lidera, continuar sin oír esta voz que es la de miles de ciudadanos discriminados judicialmente con secuelas asimilables a las de guerra y muerte, que vivieron la misma vida de encierro y oprobios plasmados en mi novela autobiográfica “La virgen de piedra”, 2000.

Y los gritos sordos de quienes hoy ocupan las vacantes de la “tumbas” de los institutos muriéndose en vida al amor, a los abrazos, a los proyectos, a la libertad, a la familia y al uso pleno de sus derechos.

Estimada Señora Presidenta, repito el texto de mi anterior VIII Nota a Presidencia de la Nación Argentina, porque ya no tengo palabras.

Por favor siente precedente, cumpla con lo que debe hacerse por una vez en la Historia de la Infancia Argentina, descrito en “Abandono de menores – Historia y problemática de las instituciones de protección”, 1997, entregado en sus manos ese mismo año.

Escuche mis pedidos y con éstos a los niños que no tienen voto o que fallecen de impunidad o de cáncer de garganta como mi hermana, por no haber podido gritar su tristeza desde su “vida tumbera” marcada por el fatal destino estatal de privación ilegal e ilegalizable de alegría.

Con afecto.

Lic. en Psicología Ana María Dubaniewicz

(M.N 5.852)