“Zonceras argentinas y otras yerbas”

Publicado el 11 julio, 2011 por Julio César Ruiz

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En la década del ’60, algunos varones, para lograr relaciones sexuales, pedían, una Prueba de Amor. Esto consistía en decirles a las chicas, “si te acuestas conmigo, recién te creeré que me quieres”, disminuyéndose, ellos mismos, al proponer una relación basada en el apriete y la obligación y no en el placer, cuestión que el alborotado, embalsamado por su egoísmo, jamás lo advertía.

Está claro que a más de haber sido, una de tantas especies de avivadas criollas, esta trampa, estaba fundada en una ideología, mezclada de machismo con estupidez, embadurnada con incapacidad, para lograr afecto por otros medios. Dicha conducta, ocultaba una  época, en dónde ni siquiera se planteaba la conquista amorosa, sino  su necesario apareamiento, devenido de una especie de “necesidad fisiológica” irrefrenable.

En aquellos tiempos, se tenían como verdad, también otros mitos, que siempre por supuesto, beneficiaban, al sexo masculino, tales como: el varón no debía mirar el batido del huevo por que se cortaba la mayonesa” (esto lo excluía de tener que cocinar), o “que no se lo podía hacer desear comida por que se le rompía la hiel” (lo que demostraba que a él, nunca se le podía negar ni contradecir en nada), hasta la tremenda contingencia, que ninguna mujer debía provocar sin completarla, ya que: “al varón nunca se lo debe dejar así” (¿?)

Todas estas zonceras que de a poco, se fueron quedando en el subconciente colectivo de algunos, donde para ellos, la mujer y todo lo que se deriva de ella, debe ser sirviente, de la inmediatez del dolor, del potencial estallido desafortunado, de vaya a saber qué parte del cuerpo del pobre hombre, desgracias éstas, que ellas, debían estar siempre dispuestas a impedir.

De ello tan sólo quedan reminiscencias, estimuladas, por personajes que quieren explicar a la gente, por qué los prostíbulos son necesarios. Aunque usted no lo crea, ésto, fue escrito en la República Argentina, en el año 2010.

Desde el punto de vista jurídico, muestran estos dichos, una incuestionable “apología del delito” toda vez que cualquier agresor sexual, más si es “petrolero”, o trabajador en alguna “industria”, podría pedir ser sobreseído sin culpa, por cuanto violó a una mujer, forzado, por no “tener un lugar dónde gastar su dinero”.

Y a esta imbecilidad, que regocija a una especie en extinción de machos fanfarrones, las siguen publicitando, en libros, que nadie lee.

Escribió Julio César Ruiz