Manual para la protección de curas pederastas

Publicado el 15 febrero, 2013 por Julio César Ruiz

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La perturbadora confesión del padre O’Grady

El cura Oliver O’Grady era tan cortés en sus modales y tan tierno con los niños que los feligreses de su parroquia se disputaban su afecto. Le invitaban a cenar y a dormir en sus casas, convencidos de que tener un sacerdote en casa era una bendición divina. Por la noche, cuando todos dormían, O’Grady entraba en las habitaciones de los niños. Violó y sodomizó a cientos de ellos, niños y niñas, incluido un bebé de nueve meses. Su espiral de pederastia y los esfuerzos de la Iglesia católica de Estados Unidos por protegerle a él y a otros como fueron ordenados por instrucciones superiores específicas.

Veremos dos videos. El primero de ellos es la confesión de este pederasta, que finalmente fue excluido como clérigo, cuando las evidencias del daño que hizo fueron tan tremendas que ya no se lo podía proteger. Es interesante observar la sangre fría con la que relata en la declaración cuáles son los niños de sus preferencias y cómo hacía para abusarlos.Este video contiene el primer relato ante las cámaras de un sacerdote pederasta dispuesto a contar lo que hizo, cómo lo hizo y por qué lo hizo.

 

El segundo video trata de una investigación realizada por la BBC de Londres conjuntamente con adultos que fueron abusados por diversos clérigos. Acá usted podrá observar las normas de procedimiento dictadas por el Vaticano para cuando sus sacerdotes sean denunciados por abuso sexual de niños, lo que constituye un verdadero manual de protección de de este tipo especial de delincuentes.

A la fecha, no se conoce que el Papa Francisco haya derogado dicha norma, de todas maneras aún continúa el encubrimiento de miles de pederastas cuya única pena es la de ser cambiados de parroquias.

O’Grady acabó destituido como sacerdote, encarcelado por delitos de violación y deportado a su Irlanda natal cuando cumplió la mitad de los 14 años a los que fue condenado. Ahora recibe una pensión gracias al fondo que le contrataron sus superiores en la Iglesia. Por las calles de Dublín se detiene para a mirar a niños que juegan en parques y patios de colegios. Parece extrañamente ajeno a la repugnancia que generan los delitos que cometió y habla de sus actividades como depredador sexual como si fueran una simple afición. “Yo sólo quería abrazar a los niños porque los quería”, dice mirando a la cámara. Durante 20 años, desde 1973 hasta su ingreso en prisión en 1993, O’Grady abusó sexualmente de cientos de niños, niñas y hasta de un bebé de 9 meses.

Escribió Julio César Ruiz