(Video) Patricia… “una de millones de madres sin pañuelo”

Publicado el 20 septiembre, 2015 por Julio César Ruiz

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Quién es y a qué se refiere Patricia Giménez de la provincia de Mendoza, Argentina en este video que hizo público

Es una joven mujer que se animó a denunciar que hace 31 años, le arrebataron a su hija recién nacida en el hospital Lagomaggiore de Mendoza de la República Argentina, provincia ésta señalada por Fundación Adoptar como cabecera de la zona de Cuyo, territorio infectado de mafias dedicadas a la compra venta de recién nacidos. “En Mendoza se venden bebés según el color de piel y el tipo de pelito”

Patricia, ha logrado, con la difusión personal de su historia conmover a cientos de mendocinos y atraer a mujeres signadas por el dolor de haber perdido por apropiación sus hijos recién nacidos. Patricia busca tan sólo saber la verdad sobre lo que ocurrió con su pequeña hija Andrea el 3 de agosto de 1984, al momento de nacer, ya que le dijeron que la beba había fallecido, aunque sostiene que se la arrebataron. Si usted desea conocer en profundidad el caso de Patricia puede hacer click en: FUENTE

De porqué la historia de Patricia puede transformarse en la historia de cualquier persona

En la República Argentina se calcula que existen más de 4.500.000 personas que buscan su verdadera identidad de origen. Dada la complicidad de las autoridades de todos los ámbitos de los tres poderes en esta materia, no se pueden señalar cifras precisas, pero la cantidad de personas mencionadas no incluyen los que fueron niños argentinos robados que sin saberlo están repartidos por todo el mundo.

Las prácticas que Patricia relata en el video no son excepcionales sino antiguas y permanentes que ocurren en Argentina y Latinoamérica y que se han naturalizado de tal manera que prácticamente están haciendo desaparecer el instituto jurídico de la adopción y reemplazado por la apropiación/adoptiva de los bebés de niñas, adolescentes y mujeres solas o pobres pero siempre en estado de vulnerabilidad y embarazadas. En principio y tan sólo en principio este sistema de sustracción y sustitución de identidad de recién nacidos, no sólo cuenta con el amparo de los gobiernos sucedidos desde la colonización, sino con la invalorable creatividad y bendición de la la iglesia católica, apostólica y romana, que desde siempre ofreció este sistema como un servicio caritativo para favorecer a mujeres llamadas “de bien” o “pudientes” que quieren ser madres y no pueden.

Es así como se ha desvirtuado de tal manera la adopción como instituto jurídico que las cifras que arroja la realidad es alarmante: En Argentina, las entregas legales por adopción de bebés ocurren tan sólo en un 25%, el resto, el 75% corresponden a circulaciones de recién nacidos por transacciones comerciales de bandas mafiosas conformadas por delincuentes comunes asociados con funcionarios públicos y la participación necesaria de algunos obispos, sacerdotes, monjas y laicos que operan en Argentina en tres zonas del territorio de la Nación:

Rol de la iglesia católica en la apropiación/adoptiva y sus consecuencias

La adopción disminuida a un acto de caridad como una de las prestaciones de “servicios religiosos” a la población europea durante la conquista

Las distintas autoridades y gobiernos desde el descubrimiento de América no repararon en delitos tan graves por cuanto contaban con el amparo, el ejemplo y la bendición de los misioneros que cuando arribaron a las nuevas tierras descubiertas, tenían dos misiones: Evangelizar a través de la fe católica y prestar todos los servicios necesarios a la Corona para hacer posible la “civilización” de los nativos.

La “conversión” al catolicismo de aquellos pueblos originarios significaba no tan sólo un golpe durísimo a sus creencias ancestrales, sino también la mutación forzada del estatus social de sus habitantes los que fueron colocados en un concierto internacional con necesidades propias y mezquinas que hasta ese momento no sabían que existía como por ejemplo ser poblaciones a las cuales de podían arrebatar sus hijos. La sumisión fue lograda fácilmente, tan sólo fue necesario maravillarlos con un trozo de espejo que les devolvía por primera vez la propia imagen y que les mostraba la diferencia entre el color de su piel y el de los blancos, mas el encantamiento reservado tan sólo a los dioses como producir la muerte con un simple caño, una lengua de fuego seguida de un estruendo seco.

Quedó detenida en el tiempo y desterrada al confinamiento para siempre la fe y las costumbres de sus abuelos. Era imposible oponerse a ello, había de por medio la promesa de la Salvación Eterna a cambio de pequeños sacrificios de abstención de sus impulsos, la imposibilidad de tener secretos por la confesión de sus instintos, la culpa del pecado o la amenaza de “carbonizarse” después de muertos y la tremenda intimidación de nunca llegar a dios.

Este compacto de “realidades” absolutamente contrarias a sus maneras de vivir, dejaba a aquellos inocentes nuevos piadosos en tal estado de fragilidad, asimilado a la voluntad de las ovejas de un gran rebaño, constante que de a poco se transformó en el artífice de la devastación de sus costumbres, donde el honor, la simpleza, la ignorancia, la valentía y la solidaridad eran atributos que servían tan sólo para ser doblegados por aquellos “adelantados”. Todo fue tan así que no les costó a los invasores apropiarse de sus cuerpos, de sus riquezas, de sus tierras, de sus mujeres y de los hijos de aquellas pobres “corderos”, a los cuales los habían sugestionado que había un sólo dios y Ese, era otro no los que ellos adoraban.

Esta operación de apropiamiento de todo lo que encontraban a su paso debía tener un fundamento, sino el arrebatamiento de un hijo ajeno podía ser mal visto o llegar a convertirse en pecado mortal. Es allí donde los autodenominados representantes de dios en la Tierra fundan paradigmas que comienzan a funcionar como especies de leyes naturales tales como: “Los hijos se crían mejor con familias pudientes”.

Con la concientización de tan tremendo mandato las mujeres pobres comenzaron a concientizarse que les faltaba una condición para ser madres, ser “pudientes” lo que las colocaba en un estado de culpa cuando no “querían” brindarles una vida mejor a sus propios hijos. Todo quedó simplificado tan sólo al traspaso hacia aquellas que contaban con la bendición de la iglesia en orden a que estaban en condiciones de cumplir aquel requisito. Toda esta cuestión seudo-religiosa, terminó sellando que la entrega de los hijos de las pobres configuraba un acto de amor de parte de ellas y de caridad para los intermediarios y las madres de “bien” (Dícese de las mujeres “pudientes” que ansiaban un hijo sea de quién se sea).

En Añatuya, Santiago del Estero, Argentina, la propia comunidad ve con malos ojos que una mujer pobre se quede con su hijo:

Si es niña, porque es muy pequeña para criarlo, si es joven porque es soltera y si es adulta y casada porque tiene hijos en su casa que pasan “necesidades” .

Es de esta manera que la iglesia católica transformó el derecho humano básico de un niño a tener un hogar, en un acto de conmiseración, de misericordia tan sustancioso para ganarse el Paraíso que ningún “creyente” se podía oponer, criticar, denunciar ni enjuiciar.

Las expectativas ante la llegada del primer Código Civil

Corría el 25 de septiembre de 1869 cuando se aprobó a libro cerrado el Código Civil de Dalmacio Velez Sarsfield, primera norma de fondo que regularía la vida civil de las personas desde antes de nacer hasta la disposición final de sus bienes al momento de morir. Esto se daba dentro del marco extraño por el cual transcurría la adopción, al punto que el autor de tan magna convención social, no legisló sobre la adopción aduciendo que dicho género le pertenecía a la caridad y no a los derechos.

Las ventajas de los miembros de esta creencia religiosa no tenía competencia, toda vez que los niños de modo masivo eran llevados a ser bautizados por las madres pobres que tentadas a pedir ayuda, ingresaban de modo automático dentro de las generales de la ley…la deshonra de la mujer y su falta de condición para tener un hijo. Al no haber oficinas de registros civiles, las parroquias al otorgar la constancia de bautizo, terminaban certificando quién era hijo de quién.

De allí que surgen para “este tipo de hijos” el término: “Hijos del corazón” calificativo que no encaja con ningún tipo de realidad, ya que los adoptados no se engendran en un órgano tan noble pero para otros menesteres y menos aún cuando no hace falta ningún calificativo adicional para describir unos papás, unas mamás ni unos hijos. Luego, será el instituto jurídico de la adopción el que lo posibilita y define.

De esta manera la iglesia católica ha estructurado, condicionado y lubricado este sistema que es aprovechado por los traficantes de bebés que se encuentran con un campo fértil de mujeres pobres, ignorantes, sumisas y sin condena popular que si se oponen se niegan a semejante “acto de piedad”.

La sabiduría de Salomón no funcionó como ejemplo ni mandato bíblico

La demostración de que estas prácticas son antiquísimas surge del recuerdo de un Rey que debió dirimir entre dos mujeres que se disputaban un niño. La sabiduría consistió en amenazarlas a las dos con partir al bebé por la mitad para entregar una parte a cada una.

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Por suerte esta historia tuvo un final feliz ya que el Rey descubrió que la madre biológica era  la que le suplicaba que se lo den a la otra con tal que no le hagan daño.

En Argentina ocurre algo parecido, pero con la ausencia de la sabiduría del Rey Salomón: “Dos madres añatuyenses acosadas para que vendan sus bebés”.

La iglesia católica deberá algún día reparar sobre semejante falta y aprender y divulgar otro mandato escrito en las paredes de sus propios templos: “Dad a Dios lo que es de dios y al César lo que es del César” , pero antes debe cambiar su paradigma, recuerda aquel que impusieron: “Los niños se crían mejor con familias pudientes” por uno mucho más relacionado con la naturaleza humana: “Los niños se crían mejor con sus papás” y es allí donde quedará demostrado que Dios a padres e hijos les dio la vida y el Derecho, parangoneando al César, le otorgó la condición para que lo sean, lo disfruten y se amen.

Nada de todo lo que usted leyó se puede negar. Sí puede ser que lo dicho sea desconocido por la mayoría de las personas o que esté en contra de lo que se quiere saber o no sea religiosamente correcto decirlo, pero la cantidad innumerable de casos donde la iglesia católica está involucrada en esta estafa caritativa es evidente y ya no se puede negar.

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Sor María acusada de robos de bebés en España: Video “Es una tontería que los niños busquen a sus padres”

Trailler de una película española que tomas hechos de la vida real

Argentina, no estuvo ausente en este negocio. Veamos el caso de Silvio Sosa y lo que le ocurrió en el Hospital Regional de Añatuya, Santiago del Estero. Este hombre falleció siete días después de habernos dado su testimonio en este video. Su manera de hablar está condicionada por la atrofia pulmonar que padecía.

Jamás encontró a su bebé. Antes de morir dijo esta frase: “En el libro de los que están en el cielo, mi changuito no figura”

La difusión de estos conceptos tiene como objetivo divulgar la realidad que permanece oculta sobre la adopción en nuestro país y se la observa en la desorientación que tienen las personas sobre este magnífico sistema jurídico.

El mediático Papa Francisco, a pesar de conocer en profundidad el tema desde que era arzobispo nunca nos respondió…ni al pedido de audiencia cuando era arzobispo de Buenos Aires, allá por el 13 de octubre del 2005 y deseábamos mostrarles las pruebas del liderazgo de la iglesia en el tráfico y la trata de bebés, …

Arzobispado-Bs-As

…ni ahora, cuando fue ungido líder de la iglesia católica, conociendo la gravedad institucional de la situación en todo el mundo…

carta al Papa Francisco

Esta es la verdadera razón por la cual usted, como aspirante a adoptar ve morir sus sueños desde el primer día en que se inscribe. Ello se debe a que dicho registro está condicionado por la cantidad de bebés que ya no llegan a los juzgados para ser dados en adopción y sí derivados hacia destinos inconfesables tales como la industria de la pornografía y la prostitución infantil, el desguace de órganos, la utilización de sus genitales para el traslado de sustancias prohibidas, la mendicidad, la sexualización y violación en cámara  para shows en vivo en sitios y foros pederastas, para ser utilizados en bodegones para sexo oral de parroquianos y hasta para ritos satánicos, dentro y fuera de nuestro país.

Para darnos esperanzas, hay gente como esta mujer llamada Patricia Giménez, sin pañuelo, sin búsquedas de bebés ajustadas a un tiempo político y mezquino. Una mujer que con tanta simpleza nos llama a congregarnos a luchar para que esta cruel mentira tapada por una máscara de piedad termine de una vez y cada uno vuelva a ser hijo de sus padres y padres de sus hijos…como corresponde, como dice la ley, porque es una cuestión de derechos y no de compasión.

Escribió Julio César Ruiz