No se puede comer chicle y cruzar la calle

Publicado el 01/10/2019 por Julio César Ruiz

Hace más de 200 años que los argentinos vivimos creyéndonos que la propia masticación, el estar metido en su propia muela…es el límite.

La única energía que gastamos está puesta en las próximas elecciones, la inflación, el costo del dólar, cuánta plata nos presta Estados Unidos y cómo hacemos para no devolverle, todo en complicidad con un periodismo obstinado en hacernos saber por qué programa de televisión anda el culo de Sol Perez.  

Nunca hay tiempo para más nada, excepto contemplar cómo cualquier sindicato forzudo nos paraliza el país en segundos, cómo cientos de mujeres deambulan en tetas por las calles queriendo convencer que abortar no es matar sino el ejercicio de un derecho propio.

Tampoco tenemos conciencia de las cicatrices de nuestras antiguas lastimaduras, como las que nos produjo Bonafini cuando se convirtió en una exitosa empresaria de la construcción, con el dinero nuestro; cuando Carlotto fue candidata al Premio Nobel de la Paz, por representar a las únicas abuelas a las que les robaron sus nietos o haberse dejado humillar por las engañifas de una principiante, en el negocio de los derechos humanos como es Susana Trimarco.  

Esta noticia te llevará a la Ciudad de Lagos en Nigeria donde la policía detectó fábricas de recién nacidos similares a las que actúan en Añatuya, Santiago del Estero, una de las más prolíficas de las 13 provincias argentinas que por acción por omisión de sus funcionarios, están autorizadas a comercializar recién nacidos con toda naturalidad.   

Estos hechos sociales nos demuestran que vivimos en una ciudad similar a la de Nigeria, que a pesar de ser la mayor proveedora de petróleo de África, es la que más valores éticos y morales ha perdido y en eso nos parecemos, somos socios por la provisión de bebés para destinos inconfesables.  

La única diferencia que nos separa de ese lugar es que Nigeria a las bebés las venden a S$U 820 y a los varones a U$S 1.374, en cambio en las fábricas de bebés argentinas, los costos no están tarifados, sino están en orden a la cara del cliente.   

El tema del robo de bebés molesta, cuestiona y estorba a miembros de la iglesia católica y a funcionarios y políticos dedicados a ocultar esta desgracia humana de un modo tan prolijo, que han hecho posible que hasta hoy en nuestro país no sea delito de trata de personas robarle el hijo recién nacido a nadie.   

La frase de los militares, avalada por la iglesia católica: Dios Patria y Hogar nos dio una imagen egoísta que aún conservamos, cuando el hogar que tenemos que cuidar en realidad no es tan sólo el nuestro, cuando los hijos de los otros son también nuestros hijos, por cuanto juntos mañana deberán coincidir en un mismo territorio, en un mismo idioma, con una misma moneda, un mismo idioma, con una misma dignidad que debemos comenzar a construirles para ellos hoy mismo para enseñarles a ser celosos y defensores de lo que fuimos capaces de conseguir.    

Nos hicieron creer que debemos estar enfocados tan sólo en sobrevivir. Nos hicieron creer que debemos ser pobres porque es la única manera de entrar al reino de los cielos, pero nunca aprendimos que la manera cómo un país trata a su infancia, es el reflejo de su grandeza y de sus valores.

La vida me indicó que no es bueno ser egoísta y que correr o escupir el chicle para poder salir del agujero de la muela te hace ver que existen dos tipos de personas: Las que trabajan y las que buscan el mérito. Siempre traté de estar en el primer grupo, porque allí hay mucha menos competencia y no sé si será cierto, pero siento que es una manera más bella de ganarse el Universo.

Escribió Julio César Ruiz  


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