Adopciones internacionales lejos de la historia rosa

Publicado el 29/10/2017 por Julio César Ruiz

 

En Argentina es cada vez más difícil adoptar por un motivo muy particular que hasta el momento no ha conmovido a ninguna de las autoridades gubernamentales de estos últimos 200 años y es el siguiente:

La incidencia del Poder Judicial en la entrega de recién nacidos es del 25%, el 75% está en manos de circulaciones y transacciones comerciales de mafias, compuestas por delincuentes comunes y funcionarios públicos, en cuatro territorios del país que cambian impunidad por coimas.  

Esto trae como consecuencia que cada vez los trámites de adopción duran más por cuanto cada vez llegan menos bebés a los juzgados para ser dados en adopción.

Ante esta circunstancia muchas familias se vuelcan a conseguir niños a través de otro método que técnicamente a pesar de ser un delito llamado de trata de personas es utilizado para conseguir un niño para hacerlos cumplir roles de hijos en sus casas. Esto se lleva a cabo todos los días y prácticamente sin ningún tipo de control del Estado.

Ver: “Manual para entender la apropiación adoptiva en Argentina”

Otros recurren a las adopciones internacionales. En la presente vamos a reproducir una nota hecha por la periodista Virginia Guevara que aborda esta temática con profundo sentido de realidad.

La compartimos

Nota fuente

LO MÁS IMPORTANTE

  • Más de 20 parejas argentinas fueron, están o proyectan viajar para adoptar niños ucranianos.
  • Cinco matrimonios cordobeses que ya regresaron advierten de que se trata de una experiencia difícil y, a veces, riesgosa.
  • La barrera idiomática es infranqueable y eso facilita el ocultamiento de información sobre la salud de los niños.
  • Tras meses de incertidumbre en Ucrania, no todos lograron adoptar.

El deseo de tener un hijo es una fuerza tan poderosa que en el último año llevó a cerca de dos decenas de parejas argentinas, muchas de ellas cordobesas, al otro lado del mundo: Ucrania.

Son más de 13 mil kilómetros y un abismo cultural en el medio, con el idioma ucraniano como barrera infranqueable, que todos ellos estuvieron dispuestos a cruzar luego de asumir que en Argentina nunca lograrían la adopción que buscaban.

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La sombra del alcoholismo fetal

En este momento, hay otros matrimonios recorriendo orfanatos del inhóspito interior de Ucrania en busca de esos niños con los que sueñan desde hace años –algunos planean volver con varios hermanitos– y de concretar la adopción internacional. Otros se están volviendo con niños cuyos pasaportes tienen ya nuevos nombres y los apellidos que ellos les dieron como padres adoptivos.

Algunos más están listos para partir: hace dos o tres meses completaron todos los trámites, presentaron “la carpeta” y saben que algún llamado telefónico provendrá de Kiev los citará para que se presenten en 72 horas. Así iniciaron todo el periplo ucraniano.

Todos, además, lo hicieron luego de conocer la historia de Fernando y Maru Bonalumi, los primeros argentinos en concretar una adopción en Ucrania, al menos en los últimos años. Ellos en un mes y medio fueron y volvieron con Sofía, una niña preciosa que crece en Cruz Alta, en el sudeste de Córdoba. Luego tuvo una experiencia similar la familia Carrizo, de Río Tercero, que adoptó a Tomás.

Pero las historias de muchos de quienes viajaron este año siguiendo sus pasos son diversas, pues se encontraron con una realidad que dista mucho de esos primeros casos.

Cinco de esas parejas advierten de que se trata de una experiencia muy dura y, por momentos, desgarradora.

Aún quienes lograron concretar la adopción y están, por fin, disfrutando de la paternidad de vuelta en Córdoba consideran que debieron atravesar episodios traumáticos, que en ocasiones fueron sometidos a una manipulación dolorosa y varios sienten que les ocultaron información clave sobre la salud de los chicos. Algunos, además, no pudieron completar aún datos sobre la historia clínica de sus hijos.

Nada de todo esto estaba en sus planes antes de viajar y quieren prevenir a quienes lo están programando: “Adoptar en Ucrania es posible, pero es algo riesgoso, que implica cruzar medio mundo sin saber qué vas a encontrar, y que no se parece en nada a la novela rosa que promocionan algunos gestores en sus páginas web”. Ese es el mensaje principal de todos ellos.

De regreso

Quienes se pusieron en contacto con este diario son Federico y Silvina del Val, cordobeses que tras tres meses en Ucrania volvieron con Alexis; Lautaro y Mariana Quintero, de Capilla del Monte, que también pasaron unos 90 días angustiantes hasta que lograron adoptar a los hermanitos Julia y Leo; Pablo y Karen Feighelstein, de Río Tercero, que amaron a Victoria desde el momento en que la vieron, pero vivieron situaciones que consideran irregulares y rayanas a lo delictivo hasta que lograron la adopción y el regreso; y Elena y José Tarditti, que adoptaron a Santiago, luego de visitarlo cuatro horas por día durante meses en un internado de los montes Cárpatos.

También relató su experiencia la médica cordobesa Mónica Bonin, quien en compañía de su esposo, de su hijo discapacitado y de su madre vivió los mismos episodios que todos los demás, pero no logró concretar la adopción de los hermanitos que fue a buscar para completar su familia. “Volvimos con una tristeza enorme y con sensación de que todo el tiempo nos ocultaron información sobre los chicos que nos ofrecían”, indicó. Fue la primera que mencionó las consecuencias del alcoholismo fetal que sufren muchos de los chicos en adopción.

Todos viajaron por dos meses, y nadie volvió antes de los 90 días. Un matrimonio pasó cinco meses y medio, por los sistemáticos problemas burocráticos e incumplimientos. Esa es una complicación común a todos. También compartieron el mismo gestor-traductor-facilitador.

La otra vivencia común es que fueron en busca de “niños sanos o con patologías reversibles” y se encontraron con una mayoría de carpetas de chicos con discapacidades severas. Varios de ellos relatan que, pese a la evidencia, la traducción les transmitía que eran niños sanos, que con buena atención estarían bien. Ese hecho los puso a todos en alerta.

Los testimonios y las vivencias varían mucho en función de la ciudad y del orfanato a los que los derivaron tras la entrevista inicial en Kiev: algunos encontraron a sus niños en internados escolares, otros debieron adentrarse en residencias psiquiátricas y realidades mucho más crudas.

Todos se embarcaron en esa aventura en busca de los hijos adoptivos que Argentina les negó, a ellos y a miles de personas.

Algunas observaciones de Fundación Adoptar para comprender aún más esta situación

  1. El gobierno de Raúl Alfonsín, al ratificar la Convención Internacional de los Derechos del Niño se excusa de las adopciones internacionales. Esto quiere decir que ningún extranjero puede adoptar en Argentina. Sí puede hacerlo un argentino en cualquier otro país del mundo.
  2. En la mayoría de los países extranjeros la adopción no está administrada en forma directa por los poderes judiciales, sino a través de agencias privadas, que como es obvio tienen intereses particularmente económicos.
  3. Hay abogados dedicados a la gestión de las adopciones internacionales que son verdaderos delincuentes por cuanto juegan con ganancias que regulan según las posibilidades económicas y la “necesidad” que demuestran las futuras víctimas. Podrá encontrar algún profesional que no reúna estas condiciones, pero…es cuestión de encontrarlo.
  4. Como dice la nota de la periodista Guevara las tramitaciones se realizan en países lejanísimos, con una serie de barreras que a la hora de la verdad obstaculizan todo, tales como el idioma o la distancia (13.000 km).
  5. Los abogados dedicados a las adopciones internacionales son aliados al sistema del país extranjero y operan explotando las emociones de los aspirantes. Una vez que les aprueban los papeles exigidos les abren la oportunidad de conocer al niño o niña. Cuando esto ocurre y apelando al encariñamiento y la desarraigo que evidentemente también los afecta al estar sin opciones en un país desconocido, les modifican las tarifas lo que crea una situación desgraciada para los aspirantes, que al sacar cuenta terminan aceptando avenirse a pagar los nuevos montos.
  6. Hay otros inconvenientes, que la periodista Guevara los explica de una manera magistral.

Escribió Julio César Ruiz


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