El desenterrador

Publicado el 13/02/2018 por Julio César Ruiz

Introducción

Todos los hechos, circunstancias y documentos que forman parte de estas editoriales fueron vividas en Añatuya ciudad cabecera del departamento General Taboada, 90 km al sudeste de la provincia de Santiago del Estero en la República Argentina en oportunidad del abordaje de Fundación Adoptar para el descubrimiento de una de las cuatro zonas territoriales infectadas por mafias dedicadas a la compra venta de recién nacidos.

Agradecimientos

Afrontamos esa zona con un pequeño grupo de voluntario incrédulos ante tanto horror de los relatos que escuchábamos y que parecían más ficción que realidad lo que nos colocó en un especie de desafío para saber si todo lo escuchado era verdad o no. Saber si era cierto o no tamaña desgracia humana merecía el riesgo y las agresiones que sufrimos, las que también serán contadas.

Por no contar con autorización expresa para nombrar a las personas con residencia en el lugar que nos ayudaron a descubrir, compaginar y probar estos descubrimiento que de a poco iremos mostrando, no vamos a mencionarlos, pero sí vamos a dejar claro que sin la colaboración de ellos el trabajo de más de 20 años de demostrar la trata de bebés en Argentina, hubiera sido imposible.

Como iremos viendo en otras entregas muchos de ellos, especialmente mujeres no dudaron en continuar colaborándonos a pesar de las represalias e incluso atentados contra su integridad física que sufrieron.  Vaya un cálido agradecimiento y admiración a cada una de ellas que tendrán o no la oportunidad de leer estos escritos pero que siempre permanecerán entre nuestros recuerdos, como los verdaderos líderes de una lucha que no debe parar.

Recién llegados a la ciudad

En el año 2002 a través del 102 – El Teléfono del Niño que en ese momento administraba Fundación Adoptar para Tucumán comenzamos a recibir llamadas desde Santiago del Estero que nos denunciaban que en varias localidades, pero en especial en Añatuya era común la venta de recién nacidos.

Recién llegados al lugar los relatos de las personas nos fueron sumergiendo en lo que al comienzo habíamos dudado por que nos parecía inaudito e intolerante. De a poco, tomando imágenes recogiendo testimonios fílmicos de víctimas advertirnos que todo esto nos traería aparejado un trabajo arduo, difícil en donde los secretos más íntimos estaban siendo guardados en un sepulcro custodiado por la propia iglesia católica del lugar, que jamás calcularon que iban a ser descubiertos desde sus más mezquinas entrañas.

Fuimos valorando e investigando cada dicho de cada persona. Casi no tuvimos que descartar ningún relato porque comenzaba por parecer una fantasía y al rato se transformaba en prueba difícil de negar u ocultar.

El desenterrador

No vamos a respetar orden cronológico de nuestras investigaciones, sino lo que vayamos cerrando como objetivo final de este trabajo. En este caso relataremos algo que nos pareció increíble, pero que luego, la realidad se encargó de darnos aquella razón que buscamos cuando aterrizamos en esta ciudad llena de misterios y de cuestiones que rondan con lo diabólico.

Todo comenzó cuando nos enteramos que en el Hospital Regional de Añatuya se sustraían recién nacidos a parturientas, especialmente pobres y jóvenes. Uno de los testimonios, el de Silvio Sosa expresaba que en ese lugar le cambiaron su bebé por un cadáver al nacer. 

De nuestras investigaciones surgieron varias informaciones y un material fotográfico interesante que probaba varias cuestiones que fuimos desgranando, siempre respaldados por información, testimonios y documentación.

Durante el año 2002 cuando transcurría el gobierno de Eduardo Duhalde, Gendarmería Nacional por orden judicial realizó excavaciones dentro del predio del Hospital Regional de Añatuya, que terminaron siendo canceladas por el gobierno nacional a pedido del ex gobernador Juárez cuya carrera despótica duró en aquella provincia más de 50 años.

De ese procedimiento revocado por decisión política surgieron dos informes, el oficial que decía que los restos encontrados correspondían a huesos de cabritos y el de los bomberos voluntarios de Añatuya que luego de excavar el lugar, como se ve en la imagen públicamente y en lugar le dijeron a la prensa que encontraron huesos de restos de bebés.

Nada de esto se terminó de investigar. Gerardo Zamora en marzo del 2008, junto a Cristina Fernandez de Kirchner inauguro obras en las zonas parcialmente excavadas del Hospital Regional de Añatuya donde se habían encontrado restos humanos dejando sellada con una loza de 40 centímetros lo que debían ocultar.

Lo único que quedó claro es que el Hospital Regional de Añatuya contaba con “un registro civil paralelo de nacimientos de personas” y una especie de limbo de bebés sin identidad y sepultados a su antojo, cuando ya el estado de putrefacción les impedía mostrarlos a los familiares engañados.

Al margen de estas cuestiones, nuestras investigaciones avanzaban dentro de un espacio sórdido conducido por todas las autoridades y políticos del lugar.

Tomamos conocimiento que para estas maniobras había en la ciudad un desenterrador oficial llamado Mario Alvarado. Un día fuimos a consultarle con una cámara sobre en qué caso procedía a desenterrar personas y quién pagaba por sus tareas, pero apenas no vió desenfundó un arma, lo que nos obligó a retirarnos sin lograr aquella nota que hubiera sido un testimonio más. Al día siguiente, cuando nos seguí en su vehículo pudimos retratarlo.

 

Esta es nuestra denuncia penal, la que nunca fue ni siquiera tratada por el Juzgado del Crimen de Añatuya, en ese momento a cargo del Juez Alvaro Mansilla, a quién le dedicaremos sendos documentos que prueban su manipulación en la causa y en el impedimento a que se conozca la realidad de la trata de bebés en esa región.

Evolutivamente los diarios de Santiago del Estero comenzaban a publicar noticias que nosotros al llegar estábamos convencidos que provenían de una mente increíble, la de un loco de atar.

 

En el año 2011, las autoridades del Hospital Regional de Añatuya resolvieron todo este entramado. Incendiaron la parte donde se encontraban las actas de nacimiento de niños. Quemando las pruebas todo está resuelto.

De nuevo, los bomberos voluntarios, volvieron a meter la pata.

Escribió Julio César Ruiz

 

(Videos) Tráfico de bebés: Añatuya en el camino al Infierno


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