Heridas que dejan marcas

Publicado el 11/03/2011 por Julio César Ruiz


Heridas que dejan marcas

El abuso sexual es un peligro del que ningún niño está exento y, sin embargo, a la mayoría de los adultos le cuesta hablar del tema. Muchos casos no son denunciados y los pocos que se difunden reflejan una realidad más que cruda: el abuso deja marcas para toda la vida. En esta nota, información para prevenirlo

Camino por la vida con el alma marchita…
sólo el miedo, el dolor, la vergüenza la agitan…
siento frío de muerte, y no hay nada de abrigo…
necesito a los otros, y estoy solo, conmigo.
Me han herido tan hondo los que tanto he querido,
me han robado los sueños, sin haberlos tenido,
me han dejado sin fuerzas, sin amor, sin estima,
con la fe y la esperanza ya por siempre perdidas.

Como definición, el abuso sexual infantil es todo acercamiento con claro contenido sexual de parte de una persona mayor, adulta o adolescente, realizada de manera directa o indirecta, incluida la violación o explotación de niñas, niños o adolescentes, haciendo uso de su poder para lograr placer o beneficio sexual. El abuso puede ocurrir durante un período largo o ser un solo incidente. Incluye tocar, acariciar, besar de una manera libidinosa, la práctica de sexo oral, la masturbación, la penetración.

“La sola mención del abuso infantil produce temor, y nuestra primera reacción es probable que sea de negación: esto nunca pudo haber pasado en mi familia”, sintetiza Julio César Ruiz, presidente de la Fundación Adoptar, una organización en la que trabajan 57 voluntarios, cuatro psicólogos y dos abogados, con sede en Tucumán.

“Hemos usado la negación, como individuos y como sociedad, para escapar de la verdad, a un costo enorme para nuestros niños -dice-. Sobre este punto, estamos en presencia de una epidemia de abuso infantil, acá y en toda América latina: una de cada tres niñas y uno de cada siete niños serán abusados por lo menos una vez antes de cumplir 18 años. El abuso no es un incidente único para la víctima; los niños no se libran del abuso como si fuera un virus. En el país hay víctimas adultas que continúan soportando las heridas emocionales del abuso sexual infantil, y las víctimas de esta generación de niños se incrementan cada día.”

En abril de 2002, la Fundación Adoptar puso en marcha el Teléfono del Niño (línea 102), que ofrece escucha y contención a niños tucumanos. Junto con otra organización de Paraná, Entre Ríos, son las únicas ONG que administran este servicio público. Desde su inauguración, la fundación recibió 205.000 llamadas. De esa cantidad, 2500 casos fueron denunciados a la justicia provincial por abuso y maltrato físico, psíquico o emocional en chicos menores de 18 años. También se detectaron 272 presuntos abusadores, 12 prostíbulos infantiles activos en Tucumán y 24 presuntos abusadores sexuales de niños en Santiago del Estero. “De las 2500 denuncias, no hubo una actuación relevante por parte de los fiscales. De las diez fiscalías que tiene la ciudad de Tucumán, cuatro están acéfalas; en consecuencia, seis fiscales subrogan un promedio de 36.000 causas ajenas”, concluye Ruiz.

Pero un día cualquiera, cuando pude contar
susurrando en palabras el tormento vivido,
la ilusión me cegó, pensé conmovido:
“que la ley y los jueces cambiarían mi destino”.
Y así fue que muy débil empecé otro camino,
muy difícil, muy duro de poder transitar,
porque lo imperdonable que habían hecho conmigo,
paradójicamente, yo debía probar.

El abuso ocurre en todos los grupos económicos, sociales y raciales. La mayoría de los violadores son conocidos de las víctimas, y es poco probable que los niños mientan sobre el abuso sexual.

“Uno de los mitos sobre abuso sexual infantil -explica el doctor Jorge Corsi, psicólogo, director de la carrera de especialización en Violencia Familiar de la UBA- es que los abusadores son personas monstruosas, pervertidas, que pueden ser identificables por algún rasgo en particular. Lo sorpresivo de esto es que, en general, cuando nos encontramos con personas que abusan sexualmente de niños no se diferencian demasiado de cualquier vecino. Son, incluso, muy agradables, muy cultas, educadas, o con mucho predicamento social en muchos casos, y eso no obsta para que en el ámbito de la privacidad puedan cometer abusos. Se aprovechan de circunstancias tales como la cercanía y la influencia. En general, se trata de personas conocidas por las víctimas que no obran mediante el uso de la fuerza, sino a través de la seducción.”

Crudas evidencias

Marta del Carmen Podestá, licenciada en Trabajo Social egresada de la Universidad de Lomas de Zamora, y Ofelia Laura Rovea, asistente social egresada de la Universidad del Museo Social Argentino, volcaron en su libro Abuso sexual infantil intrafamiliar (Espacio Editorial) la experiencia recogida en años de trabajo social y de investigación.

“De acuerdo a los casos estudiados -advierten las autoras-, en un 80% son niñas que han sido abusadas por sus padres, padrastros u otros familiares. Las crudas evidencias demuestran que los niños son vulnerables a cualquier edad -se ha intervenido en casos de niños de meses-; sin embargo, se estima que la franja de mayor vulnerabilidad, en las niñas, se da en los inicios de la pubertad, que es cuando comienzan a desarrollar sus caracteres sexuales secundarios. La fecha de finalización de este tipo de abuso se da, por lo general, cuando las niñas más avanzadas en su adolescencia comienzan a requerir mayor independencia y a sentir pudor por su propio cuerpo; es el momento en que pueden llegar a denunciar al abusador.”

El doctor Corsi señala dos tipos principales de abusadores: los sistemáticos y los ocasionales.

“Los sistemáticos buscan o desean exclusivamente mantener relaciones de tipo sexualizado (porque no siempre son relaciones como se entiende habitualmente) con niños o niñas. Los ocasionales, por su parte, se basan en la oportunidad. Esto es, existe la ocasión y la oportunidad a mano que les facilita el abuso. Después hay toda una discusión en torno de si los abusadores sexuales deben ser considerados enfermos o no. Hay quienes utilizan otros términos, como perversión, pero, en definitiva, cuando nosotros nos disponemos a analizar los perfiles psicológicos, sobre todo de los abusadores ocasionales, vemos que si no tenemos el dato de la conducta abusiva por parte del profesional, la evaluación psicológica o psiquiátrica no necesariamente dará un perfil patológico; por lo tanto, el perfil patológico es algo que se deduce luego de conocido el abuso, pero no antes, por lo que yo le otorgo poca fiabilidad a ese tipo de diagnóstico. Prefiero pensar que no se trata de una enfermedad en el sentido tradicional del término, sino que tiene que ver con una forma facilitada del ejercicio del poder desde una persona adulta hacia un niño indefenso.”

¿Cómo puede probarse lo que es imposible,
porque hoy todavía nadie pudo inventar
algo que llegue y vea en el fondo del alma,
las heridas y marcas que por siempre estarán?
Por eso yo les pido en el nombre de todos,
a los que de algún modo algo puedan hacer,
que recuerden que somos no sólo un expediente,
sino aquellos que quieren del infierno volver.

Se da por cierto que en los últimos veinte años se produjo un crecimiento en los niveles de manifestación de estas atrocidades. Sin embargo, no se pueden realizar estudios comparativos con otros años porque no se cuenta con datos firmes acerca de la cantidad de casos anteriores. “Lo que ahora ocurre -explica Corsi- es que, al haber mayor difusión de esta problemática, las instituciones y la sociedad en general están más alertas para detectar más tempranamente los casos. Da la impresión de que han aumentado los casos, cuando lo que ha aumentado, en realidad, es la detección del problema.”

Señales

Reacciones violentas, exceso de higiene, demostraciones de temor e inseguridad, disminución del rendimiento escolar, pueden ser síntomas de que un niño ha sido objeto de abuso sexual. En los más pequeños, esto se puede advertir en dibujos que realizan, en los que se observan genitales agrandados o manifestaciones en este sentido inadecuadas para el desarrollo cultural, social y espiritual de su edad.

Los integrantes de la Fundación Adoptar señalan que puede haber cambios respecto de su conducta para consigo mismo, desde actitudes negativas con su propio cuerpo o con su alimentación, hasta realizar ciertas demostraciones sexuales, como autoestimularse en público compulsivamente o acercarse de manera sexualmente agresiva a otras personas.

“Depresión, desgano, desaliento, pensamientos negativos, no necesariamente son señales de abuso sexual -aclara Julio César Ruiz-. Algunas pueden ser parte de su desarrollo normal o signos de estrés. Cuanto más inesperados, severos y frecuentes sean los síntomas, más elementos tendrán los padres para comenzar a actuar sobre la posibilidad de un episodio de abuso. Las evidencias físicas en la zona genital y rectal deben ser tomadas muy en serio y tratadas inmediatamente.”

“Los niños varones que han sido abusados en la infancia -explica Corsi- tienen mayor probabilidad, cuando son adultos, de tener prácticas de abuso con otros niños, porque hay una situación no resuelta que tiende a repetir. Esto no significa que todos los abusadores hayan padecido, en su infancia, situaciones similares. No es una ley escrita que el abusador de hoy fue abusado en su niñez. Pero sí es cierto que tiene más probabilidades de convertirse en un abusador.”

Finalmente les dejo estas simples palabras,
ojalá que ellas siempre orienten su accionar,
porque en su interior llevan nuestra fe y confianza
y lo que siempre en ustedes esperamos encontrar:
Verdad. Interés. Compromiso. Trabajo. Intrepidez. Memoria. Ayuda.

(Un grito en soledad, de Marta Floux, profesora de jardín de infantes y poetisa. Publicado en Abuso sexual infantil intrafamiliar (Espacio Editorial)

Por Jorge Palomar

Qué deben hacer los padres

  • Si su hijo fue víctima de abuso, aunque usted esté desesperado por bañarlo no lo haga, porque borrará todas las pruebas para identificar al delincuente.
  • Concurra a un médico forense, a un servicio público de salud o a un profesional particular, si no existen las dos posibilidades anteriores, a fin de que certifique el abuso. El profesional debe constatar clínicamente el hecho y extraer pruebas (sangre o semen) con sistema de isopado.
  • Colocar las prendas que tenía puesta la víctima, tengan o no manchas de sangre o semen, en una bolsa de polietileno. Cerrarla correctamente y colocarla en el freezer o congelador para su mejor conservación hasta entregarla a la autoridad policial.

El Estado

  • Debe aplicar en todos los funcionarios nacionales, provinciales y municipales, jueces y empleados de la administración pública, un test psicológico (test de Rorschach) para verificar si esas personas están en condiciones de trabajar con niños. Para mayor información a efectos de implementar este sistema, se puede visitar la página web www.asoc-arg-rorschach.com.ar , una institución argentina con más de cincuenta años de experiencia en la materia.

 

 


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