(Video) La niña que silenció al mundo durante 5 minutos

Publicado el 14/08/2012 por Julio César Ruiz


La niña que silenció al mundo por cinco minutos

Severn Suzuki dio una charla antes de la Organización de las Naciones Unidas tenia 12 años. Hoy, con 23 años, ella trabaja activamente para el medio ambiente y justicia social. Ella da charlas en colegios, corporaciones, en muchas conferencias y en uniones internacionales. Ella vive en Vancouver, British Columbia, Canadá.

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Discurso traducido

“Solía ir a pescar a Vancouver, mi hogar, con mi padre hasta que hace unos años encontramos un pez lleno de cánceres.

Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, desvaneciéndose para siempre.

Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletas de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean.

¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?

Todo esto ocurre ante nuestros ojos y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones.

Soy solo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.

No saben cómo arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono.

No saben cómo devolver a los salmones a aguas no contaminadas.

No saben cómo resucitar un animal extinto.

Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.
Si no saben cómo arreglarlo, por favor, dejen de romperlo.

Aquí, deben ser delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad sois madres y padres, hermanos y hermanas, tías y tíos, y todos vosotros sois el hijo de alguien.

Aún soy solo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco billones de miembros, de hecho por treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra.

Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.

Aún soy solo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo.

En mi rabia no estoy ciega, y en mi miedo no estoy asustada de decir al mundo como me siento.

En mi país derrochamos tanto… Compramos y despilfarramos, compramos y despilfarramos, y aún así los países del Norte no comparten con los necesitados.

Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder parte de nuestros bienes, tenemos miedo de compartir.

En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección.

Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.

Hace dos días, aquí en Brasil, nos sorprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle.

Y uno de esos niños nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropas, medicinas, hogares y amor y afecto”.

Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué somos nosotros, que lo tenemos todo, tan codiciosos?

No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda, que podría ser uno de esos niños que viven en las favelas de Río; que podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; una víctima de la guerra en Oriente Medio o un mendigo en India.

Aún soy solo una niña y sé que si todo el dinero gastado en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, qué lugar maravilloso sería la Tierra.

En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y no ser codiciosos.

¿Entonces por qué salen fuera y se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?

No olviden por qué asisten a estas conferencias, lo hacen porque nosotros somos sus hijos.

Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos.

Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”. Pero no creo que puedan decirnos eso más.

¿Estamos siquiera en su lista de prioridades?

Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.

Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches.

Ustedes, adultos, dicen que nos quieren.

Os desafío: por favor, haced que vuestras acciones reflejen vuestras palabras”.

Gracias.”

Severn Suzuki

¿Quién es Severn Suzuki?

Se llama Severn Cullis-Suzuki (1979), es canadiense y en su infancia y adolescencia hizo más por el mundo que muchas personas en varias vidas, demostrando el increíble poder que todos tenemos cuando nos comprometemos a vivir conscientemente.

A la edad de 10 años fundó ECO (Environmental Children’s Organization) con un grupo de amigos en Vancouver para la enseñanza de temas ambientales para niños. Con ellos asistió a los 13 años a la Cumbre de la Tierra, la “Earth Summit” en Rio de Janeiro en 1992, donde, en presencia de altos cargos mundiales y representantes de Naciones Unidas, pronunció el que se ha calificado como “el mejor discurso político escuchado nunca en la ONU“.

Su discurso, sereno, sabio, sincero y emotivo es atemporal y una agria explicación del estado de nuestro mundo. Sus palabras actualizan las del jefe indio Noah Seattle y nos hacen ver que llevamos 200 años gritando lo mismo.

Editó y escribió Julio César Ruiz


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