Los mirkos: La marca registrada de un delito internacional

Publicado el 19/02/2019 por Julio César Ruiz



Julio César Ruiz
Fundación Adoptar


La historia de la humanidad ha demostrado que los “pudientes”, para justificar cualquier deseo que le venga en ganas, inventaron dos máximas que entienden como eximentes de cualquier norma social, jurídica, ética o moral.

  1. Tus deseos no deben tener límites, siempre que no los tenga el dinero que lleves en la cartera.
  2. Todo es susceptible de entrar en la lógica del mercado, todo puede ser objeto de comercio y sin límites territoriales, en razón de la naturaleza de los servicios públicos.  

El cuerpo de la mujer desde siempre estuvo atravesado por este razonamiento. Lo más notorio es la prostitución, pero hay también otras tan o más denigrantes, como el derecho de pernada por el cual el señor feudal no tan sólo debía autorizar el casamiento de su vasallo, sino también desflorar a la novia en la noche de bodas.      

También aberrante fue y continúa siendo, la sustracción de hijos de mujeres pobres por ricos o poderosos, la que transita por: “la entrega voluntaria”, la rapacidad en todas sus formas y en especial la parroquial, aquella donde el cura del lugar puede transformar el robo de un bebé en un acto de caridad y decidir por sobre la mamá quién es hijo de quién, bajo el paradigma infame de que: “los hijos se crían mejor con familias pudientes”.

Ahora en boga el alquiler de vientre, el refresh de una marca registrada en Argentina desde hace más de 200 años como es el tráfico de bebés que pretende mostrar como nueva la misma cara de los clientes de siempre, pero esta vez con la promesa de la adquisición de un producto de excelente calidad, colocado en un menú para elegir, bajo la confianza y seguridad que les otorga una transacción comercial.        

Se diga lo que sea, el arriendo de vientres es una modalidad delictiva por la cual mujeres pobres gestan en sus vientres, a sabiendas o no, hijos que serán arrebatados luego del alumbramiento en razón de una obligación económica.  

La definición es irrefutable, al punto que si la mujer gestante en el país donde dicha actividad es lícita, se negara a entregar el niño, el comprador podría no encontrar un juez que la obligue al cumplimiento del contrato, ya que desde el punto de vista natural, cultural y legal, ese niño es su hijo.

Pueden llamarlo: vientre subrogado, maternidad subrogada, vientre de alquiler, gestación por sustitución, pero el resultado delictivo de la operación jamás podrá modificarse, ya que es imposible endilgarle a una persona humana calidad de cosa y precio cuando su humanidad entera es objeto prohibido de cualquier tipo de negocio, a no ser que las autoridades que deben controlar hagan como que no los ven.    

Es una industria mafiosa que se aprovecha de poblaciones de mujeres desesperadas que por necesidad se someten a relaciones contractuales de imposible cumplimiento, mediante las cuales creen estar obligadas, con la mediación interesada de organizaciones mafiosas, algunas con apariencia seria y formal que se dedican a la venta del derecho a ser padres.

En otras palabras, estos países llamados civilizados, incluida Argentina, promueven la esclavitud y prostitución del cuerpo femenino y la de un bebé a escala mundial y facilitan el comercio humano que hipócritamente declaman estar en contra en los discursos.    

Las estrategias de robos de bebes para volcarlos al mercado negro están propiciadas por mafias conformadas por delincuentes comunes, asociados a funcionarios públicos que comercializan recién nacidos para destinos tales como:

Cumplir roles de hijos dentro y fuera del país, provisión de materia prima para la pornografía y la prostitución infantil. Utilización de sus genitales para el transporte de sustancias prohibidas (mulas), para sexo oral a parroquianos de bodegones, centroamericanos, para la mendicidad, para el desguace de órganos, para el uso de sus cuerpos, vivos o muertos en ritos satánicos.

El desprecio por la Creación Humana llega a niveles intolerables habiendo sido estos distintos sistemas mafiosos, creadores de interminables ejércitos de personas que buscan su verdadera identidad en todo el mundo.

Ahora la nueva manera de robar bebés: El vientre subrogado. Una sustracción VIP de recién nacidos. Los compradores son conscientes que cometen una inmoralidad, a pesar de ello, movidos por la vanidad se alejan miles de kilómetros de sus casas para concretarlo para que nadie los vea, aunque cuando regresan saben que ni sus propios parientes, aprueban lo que han hecho.   

Argentina forma parte de la asociación ilícita de países cómplices

Con que un solo país haya aceptado como legal la modalidad de la maternidad subrogada, se convierte automáticamente en el paraíso de la compra venta de humanos.   

Si en el país propio el pretenso adquirente no quiere esperar mucho por cuando la adopción demora, tiene la opción en el mercado paralelo de comprar un recién nacido autóctono.(1)

  1. En Argentina las demoras en los trámites de adopción se deben a que cada vez llegan menos bebés a los juzgados para ser dados en adopción, dado que los poderes judiciales tan sólo efectúan entregas legales en un 25%, el resto, el 75% son circulaciones a través de transacciones comerciales en 4 zonas territoriales del país por las mafias descriptas más arriba.

     Aunque usted no pueda creerlo, en Argentina la sustracción de recién nacidos para cumplimiento de roles de hijos en hogares dentro y fuera del país no puede ser perseguida como delito de trata de persona por cuanto la tipificación legal excluye estos casos al entender que para tales fines la criatura no sufre explotación.

Si al comprador esta modalidad le resultara peligrosa, tiene la opción de subrogar un vientre. Para ello hace contacto con representantes argentinos de mafias internacionales, paga los honorarios, viaja al país indicado, elige el producto, de la mejor calidad y colores posibles, firma el acuerdo, paga el adelanto, regresa a su país y espera 9 meses.

Al momento del nacimiento es convocado, viaja, verifica el cumplimiento del contrato, completa el pago, recibe la criatura, firma la conformidad y regresa a su país con un niño, al cual se adjunta un papel expedido por la organización que lo vendió donde certifican que es “hijo” del tenedor.

A pesar que los políticos argentinos declaran que la trata de personas es una de las tres industrias más rentables del mundo y que la maternidad subrogada es ilegal, por que son idiotas o se “olvidaron” de legislar, se ven obligado a recibir al adquirente con el producto de la transacción mafiosa: un niño.

Para completar la legalización del contubernio, le permite al comprador la inscripción del pequeño en el registro civil con lo que blanquea al nuevo argentino, que pasa a engrosar las filas de millones de conciudadanos que en razón del tráfico y la trata de bebés, ya adultos por supuesto, no conocen su verdadera identidad de origen, aunque los registros civiles certifican la mentira y el delito.    

En el momento que se cumple este circuito y con la partida de nacimiento expedida, la República Argentina pasa a formar parte de un delito internacional y termina siendo cómplice de la transacción de mafias dedicadas a la compra venta de personas cuyo iter criminis se inició en el país facilitador.   (El Art. 75 de la Constitución Nacional reconoce como propia la Convención Internacional de los Derechos del Niño donde éste método de trata aggiornado, que ahora denominan vientre subrogado, provoca un encadenamiento de ilícitos contra el niño, que a toda costa pretenden esconder con luces de colores, flashes, pelitos rubios y ojitos azules.  

El Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona hizo pública la semana pasada el Documento sobre gestación por sustitución, en el que se posiciona en contra de esta práctica y considera que el alquiler de vientre “no debe ser una alternativa legal para tener descendencia por lo que supone la “mercantilización del cuerpo humano” y por las “situaciones de vulnerabilidad que genera a la comunidad mundial”.

El comercio humano internacional, un negocio criminal donde la Argentina está involucrada de las dos maneras: por acción y por omisión


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