Separación: Propuesta Bárbara para un final épico

Publicado el 16/10/2019 por Julio César Ruiz

En Argentina es común ver escenas desgarradoras como las que protagoniza este niño ante la ejecución de una disposición judicial, que decide separarlo de su papá y otorgarle la tenencia a su mamá. Mientras esto ocurre, una funcionaria observa de reojo que se cumpla la medida impuesta por el juez y borbotonea palabras que no se entienden.  

El Superior Interés del Niño regulado por la Ley 26.061 y de rango constitucional, es desconocido en la administración de Justicia del día a día. Ni los propios abogados de las partes consideran a esta verdadera pertenencia sustancial exclusiva del niño, como un parámetro esencial para asistirlo en su defensa.   

Ante tantos fallos espantosos de los tribunales contra los niños, que logramos conocer a veces, gracias a los medios y con el objeto de darle alguna explicación a la Sociedad en este sentido, se ha creado una nueva rama del Derecho: “El Abogado del Niño”, un especialista salido de la misma facultad que los otros, pero con algunas bolillas adicionales sobre lo qué es y qué significa este extraño fenómeno, digno de ser estudiado por las ostensibles diferencias con sus congéneres, conocidos popularmente como “niño”.                 

En realidad, el Superior Interés del Niño contempla aspectos sensibles y simples de comprender por ser base de cualquier carrera con orientación humanística tales como la no discriminación, el derecho a la vida, a la supervivencia y fundamentalmente el derecho a ser escuchados. A pesar de ello, de modo cotidiano, la consigna tribunalicia continúa siendo la misma que hace siglos: “Los menores deben estar en manos de las madres, salvo excepciones”.

Con este método hacen desaparecer la ley como marco de referencia para la protección del niño y transforman su partida de nacimiento como el papel que definirá su futuro, según gane la pulseada el padre o la madre.

Veamos…

Cuando ocurre la separación de los padres, los jueces resuelven rápidamente quién deberá hacerse cargo del niño. Todos sabemos que los litigios de cualquier fuero en Argentina perduran por años. Luego de transcurridos esos tiempos inciertos, un día cualquiera, un juez, cansado de ver siempre el mismo expediente sobre la silla de la entrada de su despacho, decide que ese día debe re vincular al niño con el padre ausente.

Hasta ese momento este magistrado no entendió que los tiempos y la capacidad de comprensión de los más pequeños no es la misma que la de los adultos, al punto, que por ejemplo, 7 años pueden significar la mitad de la vida de un niño y el padre ausente ser una señora o un señor desconocido para él.

Dicho en otras palabras:  

Lo que para los jueces, en orden a la partida de nacimiento resulta ser la madre o el padre, para el niño es tan sólo una señora o un señor, por cuanto su mente no ha podido elaborar cuándo ocurrió el vínculo original, que en muchos casos ni siquiera existió. 

Ordenada la re vinculación, se manda una empleada de tribunales que controla el cumplimiento de la medida judicial y comienza la escena del video: Un niño llorando a los gritos, intentando sujetarse desesperadamente de la ropa de su papá. Una señora que lo toma fuertemente en actitud de scrum en un partido de rugby hasta inmovilizarlo y propinándole una catarata de besos en la cara que el niño procesa como el acoso de una desconocida a quién no entiende ni tan poco el motivo por el cual ejerce violencia sobre él.    

La propuesta para un final épico pero justo

Para zanjar esta circunstancia de modo definitivo y habiendo dejado de lado el valor Justicia y preferir los vericuetos de la estupidez, los jueces debería resolver estas cuestiones como lo hizo la sabiduría del Rey Salomón cuando le tocó resolver una situación similar, esto es:

Estirar al niño por las cuatro extremidades, cortarlo con una sierra en dos partes, milimétricamente iguales para repartirlas entre los padres y no provocar altercados, forcejeos ni reclamos sobre la pertenencia de una u otra mitad.   

Una solución Bárbara…

  • Los jueces dormirán felices porque el juicio se desarrolló con sabiduría y ecuanimidad y con un soporte ancestral sin haberse comprometido ni expuesto su decisión personal.   
  • Los abogados conformes porque al resolverse el conflicto cobran los honorarios.   
  • La funcionaria que controla la medida, la de la escena que no se le entiende lo que dice, llegará a su casa y con la emoción que le otorga el Señorío del Deber cumplido se pondrá las pantuflas pensando en el merecido descanso del fin de  semana largo.

¿El niño?…qué niño…ya no hay niño. El sujeto del Derecho, transformado en objeto ya no está, desapareció. Ni los abogados, ni el juez, ni los especialistas pudieron defenderlo. Los padres tendrán apenas unas horas para decidir qué hacen cada cual con cada mitad…ya no hay más Humanidad…ni botín para disfrutar.    

Escribió Julio César Ruiz


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