…y el fiscal nacional dónde está

Publicado el 02/02/2011 por Julio César Ruiz

Justicia para Añatuya, Santiago del Estero

Esto demuestra una vez más que en nuestro país, algunos fiscales están para otras cosas.

El 29.01.2011, Fundación Adoptar informó a la población de la Argentina sobre la situación desesperante de una niña de 12,que anunció que iba a tomar la decisión de matarse, por el suicidio de su hermanita de 15 años, luego de ser ultrajada por el delincuente: CARLOS MARINO IBAÑEZ, DNI 8.504.510, domiciliado en calle Pueyrredón 292 de Añatuya, Santiago del Estero, Argentina

También, habiamos solicitado la urgente intervención de un fiscal de la nación por cuanto este pederasta es permanentemente liberado, a pesar de los abusos que comete, por cuanto está ligado a grupos de personas “pudientes”, autodenominadas “Los Pitufos” de Añatuya, a los que les proveería de niños, niñas, adolescentes y dicapacitados para orgías y fiestas privadas.

La intervención del fiscal que nunca apareció, se debió a los contactos siniestros de este delincuente con grupos de poder, lo que le permite, quedar en libertad, sin solución de continuidad, a pesar de las pruebas concretas, con material genético que lo inculpan. ACÁ SE PUEDE VER LA NOTA COMPLETA DEL RELATO DE LOS HECHOS Y NUESTRO PEDIDO PÚBLICO

Como modo de ir desandando este camino, en el día de la fecha, 02.02.2011, hemos tomado conocimiento, que el Comisario Adrian Alderete, (ver comentarios de lectores) de la Comisaría 29 con asiento en Quimilí, estaría ocupando la vivienda del delincuente CARLOS MARINO IBAÑEZ, lo que necesariamente, lo coloca en una situción de observación, ya que podría conocer de modo directo o indirecto las andanzas del pedófilo y no tenemos conocimiento de que se haya presentado a declarar en Tribunales de modo espontáneo.

La connivencia de los poderes políticos, con grupos de pudientes y la policía, una vez más, quedan, al menos en posición de ser investigadas, pero, lamentablemente, la Justicia en Añatuya, Santiago del Estero, ha demostrado, infinidad de veces, no ser confiable, en la defensa de ningún derecho humano, ni de los niños ni de los adultos.

Escribió Julio César Ruiz


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