Yolanda Vazquez: Le sustrajeron 3 hijos en un día. Los autores

Publicado el 07/09/2012 por Julio César Ruiz

Septiembre de 1995, Añatuya, República Argentina

Se llama Alba Yolanda Vazquez, nació y vive en Añatuya, 90 kilómetros al sureste de la capital de Santiago del Estero en Argentina, junto a los tres hijos que le quedan. Tiene 49 años, mide 1,60, pesa 34 kilos. Si el dolor tuviera cara, tendría el rostro de Yolanda

En un solo día la Justicia de Añatuya, Santiago del Estero, en cabeza del que en ese entonces Defensor de Menores de Añatuya, Santiago del Estero: Dr. Ronaldo García se apropió  de 3 de sus 6 hijos, les modificó la identidad y los hizo desaparecer. No figura la adopción de los niños en ningún registro ni el certificado de defunción de la nena más pequeña que alegan falleció.

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No sabe leer ni escribir, pero confía  que  sus “bebés” como los llama “algún día volverán”

Tenían seis hijos: Juan, Noemí, Facundo, Abel, José y Magalí oscilaban sus edades entre 12 años y siete meses.

Yolanda, notó que Magalí, la más pequeña, había nacido con algunos problemas de salud, por lo que decidió llevarla a un médico del Hospital, allí, con suero y comida, seguro se iba a recuperar.

Yolanda sabía que su bebé tenía hambre ya que era claro que ni las mamaderas ni su teta le habían resultado suficientes. Había crecido y nacido hace tan sólo 7 meses de un útero  comprometido, por la realidad de un embarazo sin control, como lo viven todas las mujeres pobres de su pequeña ciudad.

Mientras permanecía sentada en una silla de metal, cuidando a su pequeña hija en el Hospital Regional de Añatuya, pensaba en sus otros hijos: Noemí, Facundo, Abel y José de tan sólo 18 meses, que habían quedado al cuidado de Juan, su hijo mayor de tan sólo 12 años hasta que al mediodía llegara el papá.

Juan, comprendía la situación de pobreza por la que atravesaba su familia por lo que yendo a la escuela y cuidando a sus hermanos, sabía que era su forma de ayudar.

En el hospital, el médico le propuso a Yolanda que su beba debía quedar internada por unas horas con suero y en observación y que probablemente, ese mismo día, se iría a casa.

Mientras la consulta transcurría, Yolanda ni imaginaba lo que comenzaba a ocurrir en su vivienda, construida por las manos de ella y su marido, a la sombra de un lapacho y asistidos por mate amargo y tortillas al rescoldo, servidos por Juan.

En la calle, al frente de su casa frenó un patrullero. Luego que volvió a su lugar el viento y la polvareda de la frenada, se comenzó a dibujar la figura de tres personas. Eran el Defensor de Menores del Juzgado de Añatuya, el Dr. Ronaldo García, junto a dos mujeres policías.

Sin pedir permiso se metieron en la vivienda donde Juan daba la mamadera  a José, el más chiquito de sus hermanos.Los otros tres jugaban en la única habitación de la casilla.

El funcionario, sin mediar palabras y cruzándose por entre las camas de la habitación, le ordenó a los gritos a las dos mujeres policías que cada una tome en sus brazos a los más pequeños (Abel y José) mientras él con su rodilla, sujetaba contra el colchón de una cama a Juan, Noemí y Facundo.

Juan con la cara entre el colchón deshilachado comenzó a llorar a empujar y patear sin entender qué ocurría ni que es lo que estaba pasando y que lo iba a signar para toda su vida.

Juan logró asestar una patada en los testículos del magistrado y cuando se sintió con los brazos en libertad, saltó sobre las espaldas de una de las mujeres policías, que corrían hacia la puerta de la habitación con Abel y José.

El funcionario, sujetando a Noemí y Facundo, le dio la orden a las policías, que no salgan a la calle con los niños llorando. Los vecinos, alarmados por el quiebre del silencio de la cuadra, observaban con curiosidad, detrás de los visillos, intentando descifrar que estaba pasando en la casa de la Yolanda.

Intentando calmar la situación Ronaldo García, el Defensor de Menores extrajo de su bolsillo varios chocolatines, que ofreció a los pequeños, quienes en medio de sollozos estiraron sus manos para llevar a sus bocas un alimento que quizá nunca habían probado.

También no pudieron resistir las ganas de probar Noemí y Facundo que para ser acreedores a lo que parecía un manjar habrían prometido callarse y no escapar. Al único que no pudieron convencer es a Juan que continuaba con la rodilla en su espalda del “defensor de menores” llorando y gritando a todo pulmón.

Las dos policías subieron a Abel y José, al auto, mientras Abel y José, saboreaban la exquisita tableta marrón.

Juan agotado y al mismo tiempo tapado por la tierra, corrió al patrullero por media cuadra, hasta que del cansancio se le doblaron las piernas y arrodillado calló en medio de la calle, mirando entre sus dedos como el auto, daba vuelta en la esquina llevándose a sus dos hermanos.

Corriendo pidió a sus hermanitos que entren a la casa y lo esperaran. Agitado y sin parar llegó al hospital para contarle a su mamá lo que le había ocurrido.

Con lágrimas en los ojos Yolanda, le pidió a una enfermera del hospital que cuidara por un momento a Magalí, diciéndoles que ya volvía, que debía llegarse hasta la defensoría porque algo había pasado en su casa con sus dos hijos. Mientras corría hacia el juzgado tomada de la mano de Juan, estaba segura que todo se trataba de un error.

Ronaldo García nunca la quiso atender, pero le hizo decir con su secretaria que los niños estaban en el convento con las monjas. Con las pocas fuerzas que le quedaban Yolanda y Juan, llegaron al lugar. Tampoco nadie la quiso escuchar, tan sólo el portero le dijo que había escuchado que “sus niños habían sido dados en adopción a familias que no podían tener hijos”.

Cansada y con su debilidad a cuestas, como pudo, volvió al hospital. Mientras transitaba por los pasillos, pensaba en sus otros hijos, que habían quedado solos y sin Juan. Sabía que Magalí estaba mejor y que esa noche tenía que estar en su casa como le había prometido el doctor.

Pensó que esa noche todos debían estar en la casa. Estaba dispuesta a llevar a su hija Magalí que no estaba en su moisés. Fue al encuentro de la enfermera a la cual le había pedido que cuide a su nena, pero antes de encontrarla alguien de la dirección del hospital le dijo que su hija acababa de fallecer.

Había sido mucho para un solo día. La desesperación, se juntó con la angustia y su ignorancia primó por sobre cualquier reflexión. Cayó de rodillas sin poderlo creer. No podía frenar su llanto. Le ocurrió lo mismo que le pasa a la mayoría de las mujres de Añatuya que les mienten que el niño murió: No se le ocurrió pedir que le muestren el cadáver de la bebé.

García ya retirado y ante presiones de Fundación Adoptar en el año 2006, fue citado a declarar por el Juzgado del Crimen de Añatuya. En su defensa dijo que la situación de los niños era inhumana y que por ello y por orden de la Jueza de Familia de la capital de la provincia, la Dra. Pizzolitto hizo el allanamiento en la casa de Yolanda y envió a su juzgado los niños (Abel y José) para ser dados en adopción. Preguntado sobre qué ocurrió con la nena de nombre Magalí que estaba internada en el hospital dijo que murió.

Es importante aclarar, que la Dra. Pizzolitto, repito, Jueza de Familia de los Tribunales de la capital de Santiago, terminó sus días como magistrada por expulsión luego de un juicio político por denuncias sobre entrega de niños por adopciones irregulares. En la parte final de la nota del diario LA GACETA, se podrá observar como esta funcionaria ingresa violentamente a un programa de televisión y secuestra material fílmico sobre el tráfico de bebés en Santiago del Estero.

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Diario La Capital

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Fundación Adoptar encontró a José, uno de los tres hijos sustraídos, ¿recuerdan? Aquel pequeñito, que lo subieron al patrullero comiendo chocolatín. Por ahora vive en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, falta aún realizar el abordaje que no lo hacemos por falta de fondos ya que no contamos con ningún tipo de ayuda económica ni subsidios para permanecer en Capital Federal el tiempo que sea necesario para esta compleja misión.

Tiene la identidad modificada, sin ningún tipo de tramitación judicial. Ahora, ya no es más José Vazquez, clase 1995, DNI 39.794.254, sino Agustín Martinez clase 1995 con idéntico número de documento de identidad, es estudiante y vive en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires. El que lo conozca o pueda contactarlo nos avisa a: fundacion@adoptar.org.ar o al celular 3816409347.

Veamos ahora el relato de Yolanda sobre lo ocurrido aquel día…

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Sinopsis

Es importante hacer algunas aclaraciones

1) Existe en el Juzgado del Crimen de Añatuya, una denuncia penal sobre la búsqueda de sus hijos sustraídos la que tiene el número de expediente 232/06.

2) Probablemente los niños sustraídos desconocen su verdadera identidad de origen, ya que fueron entregados sin ningún tipo de trámite ni constancia judicial y además porque cuando ocurrieron los hechos eran muy pequeños.

3) Uno de los 6 métodos de sustracción de recién nacidos que se utiliza especialmente en Añatuya por parte de los funcionarios es inventar denuncias anónimas , recurso que utilizó Ronaldo García, con varios antecedentes sobre el particular para justificar el secuestro, la apropiación y el cambio de identidad de los niños víctimas.

4) El Papa Francisco nunca nos respondió a la carta donde le pedíamos ayuda para esta familia…

Escribió Julio César Ruiz


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