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La convivencia es la que nos une inexorablemente  a nuestros hermanos

Yo busqué durante 25 años mis orígenes biológicos. Encontré muertos a quiénes eran: mi padre con ADN de por medio y a mi madre biológica.

De mi padre encontré 5 medios hermanos, que dieron su sangre para la muestra genética. Luego de verificar que yo era el producto de la infidelidad de su padre (también el mío) nunca más me quisieron volver a ver.

Claro, mientras la madre de ellos estaba embarazada, la amante también, yo soy hijo de la amante.

A mi hermano, el legítimo, que tiene mi misma edad, un día lo encontré por casualidad y le ofrecí una carta que siempre llevaba en mi bolsillo por sí algún día lo encontraba por las calles.

En ella le decía que me encantaba conocer a los 45 años a un hermano como él. También que nos habíamos perdido millones de juegos, peleas, travesuras y esas cosas que hacen los hermanos y que para olvidarnos de aquellos tiempos, le ofrecía (simbólicamente) mi trencito.

Mirándome fijo a los ojos, rompió la carta, la tiró a mis pies y nunca más volví a encontrarlos.

Cuando llegué a mi casa, cansado de tantos caminos sin siquiera un solo abrazo, escribí de bronca estas palabras, por sí alguna vez me doy de cara con algún Encontrador, que haya sufrido la misma decepción.

Texto: Julio César Ruiz- Fundación Adoptar

Voz: Gustavo Sampayo

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